El Ministerio de Defensa de Italia ha presentado un documento que contempla aumentar en más de un 60% el personal de las fuerzas armadas durante los próximos 18 años, hasta alcanzar los 275.000 efectivos, según ha informado la agencia Reuters. El plan, elaborado por expertos militares y entregado esta misma semana al ministro Guido Crosetto, supondría un coste estimado de 6.000 millones de euros y elevaría el gasto en personal de los actuales 8.800 millones a cerca de 15.000 millones anuales para 2044. La propuesta forma parte de una reforma militarista más amplia que el ejecutivo de Giorgia Meloni prevé presentar antes de que finalice marzo.

El incremento responde a la presión de la OTAN y de la administración Trump para que los países aliados aumenten su gasto militar hasta el 5% del PIB. Italia destinó en 2024 aproximadamente el 2,01% de su producto interior bruto a partidas militares, una cifra que Crosetto se comprometió a elevar hasta el 5% de cara a 2035. El documento plantea un "aumento gradual del personal" —ejército, marina y fuerza aérea— que incluiría una reserva de 15.000 soldados, aunque la propuesta deberá ser aprobada por el parlamento y aún no es definitiva.

Algunos sectores políticos y sociales consideran desproporcionado destinar miles de millones a la expansión militar mientras los servicios públicos sufren severos recortes. Italia arrastra una elevada deuda pública y sus partidas sanitarias y educativas están por debajo de la media europea. Los críticos señalan que el dinero destinado a engrosar las filas del ejército sería más útil para reforzar la sanidad pública o la enseñanza, dos áreas especialmente castigadas en el país transalpino.

El plan de rearme italiano es la respuesta de un gobierno que parece más preocupado por cumplir las exigencias geopolíticas de Washington y la OTAN que por atender las necesidades de su población. Mientras Meloni y sus aliados preparan el terreno para destinar más y más recursos a soldados y armamento avanzado, la sanidad pública se desangra, las listas de espera se alargan y los recortes educativos hipotecan el futuro de las nuevas generaciones. La decisión de priorizar el gasto militar sobre el bienestar social no es una necesidad estratégica, sino una opción política que beneficia a la industria armamentística y a los intereses de la Alianza Atlántica a costa de las condiciones de vida de la clase obrera italiana.