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# Hay solución para el problema de la vivienda
- URL: https://diariosocialista.net/2026/09/25/hay-solucion-para-el-problema-de-la-vivienda/
- Published: 2026-09-25T16:57:38.000Z
- Updated: 2026-09-25T16:57:38.000Z
- Description: Los sucesos de las últimas semanas han visibilizado de forma más cruda lo que ya era evidente: la clase trabajadora está sufriendo una crisis de vivienda de enorme escala.
- Author: Karla Pisano
- Tags: Opinión, #p-2-1

Maricarmen es desahuciada por un fondo buitre tras 70 años viviendo en su hogar; una mujer se quita la vida tras ser desahuciada; otra familia con menores pierde su hogar en Gasteiz; prenden fuego a la chabola en la que un joven malvivía en las calles de Iruñea mientras estaba en la escuela… Los sucesos de las últimas semanas han visibilizado de forma más cruda lo que ya era evidente: la clase trabajadora está sufriendo una crisis de vivienda de enorme escala. Sin embargo, no se trata de una crisis del mercado inmobiliario –el cual está viviendo sus años más dorados– sino una crisis cuyas consecuencias recaen única y exclusivamente sobre la clase trabajadora.

Creo que tras ver cómo los partidos políticos gestionaron la crisis del 2008, o tras varios años de gestión política de la crisis actual, estamos más que capacitados para decir que todos los Gobiernos han fracasado. O, mejor dicho, ningún gobierno ha querido solucionar el problema verdaderamente, porque no se puede fracasar en aquello que uno no se propone. Por un lado, está la derecha parlamentaria, de la cual no se espera nada en materia de derechos económicos. Sirven a los intereses especuladores y frente al problema de la vivienda no tienen nada más que ofrecer que señalar chivos expiatorios como los okupas o las personas migrantes. Por otro lado, tenemos al PSOE, un partido rentista que ha demostrado la bancarrota absoluta del proyecto reformista. Su plan consiste siempre en dejar vía libre al mercado inmobiliario, mientras malgasta exiguos recursos del estado en paliar una ínfima parte de las consecuencias que ese mercado inflige a nuestra sociedad. Ejemplo de ello es que mientras hace escasos días bloqueaba una ley para desarrollar una mínima regulación en torno a los fondos buitre, esta misma semana nos viene con la cantinela de un renovado decreto antidesahucio. Por utilizar una metáfora mundana, es como si a un paciente con diabetes le recetaran ansiolíticos y, al unísono, le metieran 10 kilos de azúcar por el gaznate. 

Los partidos a la izquierda del PSOE (Sumar, Podemos, EHBildu…) tampoco han hecho mucho por mejorar la situación. La mayoría se han centrado en discutir las características de los ansiolíticos, y poco o casi nada han dicho sobre los 10 kilos de azúcar. Muchos de ellos están más interesados en el juego electoral que el problema de la vivienda ofrece que en el problema en sí mismo y, además, temen enfrentarse a la contradicción que suponen sus alcaldías en las que, como en todo lugar bajo el sistema capitalista, también se desahucia. La consecuencia para la política real, la política de calle de la clase trabajadora es terrible: la clase trabajadora se encuentra desesperada, ahogada por esta crisis; gran parte de ella se siente políticamente desamparada, con una rabia y una impotencia que no se corresponden con las opciones políticas que el arco parlamentario ofrece. Y lo que es más importante, una buena parte han perdido la ambición; la capacidad de imaginar, de desear y de plantear como reivindicaciones legítimas cosas tan básicas como una vivienda de calidad garantizada. Esta miopía política, en la que el único conflicto aparece reducido a debates técnicos en sesiones parlamentarias, es fruto de la derrota y la desorganización del movimiento obrero revolucionario. Esto deja sólo a una izquierda que ha creído que el margen de lo posible en política lo establecen los escaños. ¡Qué lección de historia más básica han olvidado fácilmente! El margen de la política se ensancha siempre desde la calle, desde la clase trabajadora organizada.

Lejos de lo que nos quieren hacer pensar, la solución lógica al problema de la vivienda es realizable. No es física cuántica, como pretenden hacernos ver los gurús del mercado inmobiliario, nada interesados en que nos enteremos de algo. No nos encontramos ante un problema de falta de receta económica, sino ante un problema de falta de fuerza política. Fuera de los partidos parlamentarios, de sus intereses y sus divisiones, podemos construir un movimiento de la clase trabajadora unido por un interés común: que todo el mundo tenga una vivienda de calidad. Sin embargo, este noble objetivo necesita de concreción. Si nos seguimos moviendo en el mundo de las ideas vagas, del “derecho a la vivienda” en abstracto o del rechazo moral a “la especulación”, la concreción de todo ello la dejaremos en manos de otros, cuyos intereses son ajenos a los nuestros, y será siempre una decepción. Corremos el riesgo de que, por ejemplo, el partido rentista del PSOE de más dinero a los rentistas en nombre del derecho a la vivienda. La lucha por la vivienda tiene que avanzar en su programa: tiene que, por un lado, salir del cascarón reformista al que los partidos de la izquierda lo han condenado (discutiendo la enésima migaja inútil) y por otro lado, tiene que avanzar en su maduración política, pasando de mera enunciación moral a concreción táctica y estratégica. En este sentido, aporto a continuación algunos puntos que me parecen clave.

En primer lugar, el objetivo debe ser concreto, objetivable. La vivienda no sólo debe ser reconocida como derecho, sino que este derecho debe estar garantizado. Debemos pasar de una comprensión genérica del “derecho”, a un bien básico *garantizado*. Y ésto tiene implicaciones concretas: esto implica que, independientemente de tu situación laboral, debes tener acceso a una vivienda. Como sucede con la sanidad o la educación, si alguien pierde su empleo sigue recibiendo formación o sigue siendo atendido en un hospital. Si el sistema no garantiza pleno empleo estable, entonces que garantice una vivienda incluso cuando, en ciertas circunstancias, el coste sea cero. Para estar garantizada, por lo tanto, la vivienda debe ser *asequible*. La vivienda no puede ser una carga vital, no tiene por qué serlo. El objetivo, por lo tanto, deja de ser el “derecho a la vivienda” y pasa a ser un *sistema de vivienda universal, asequible y de calidad*.

Muchos podrían coincidir en este objetivo, sin embargo, el quid de la cuestión viene cuando hablamos de cómo. Pues bien, la única forma es la creación de un *sistema socializado de vivienda*. Para tal propósito, debemos hablar de las siguientes medidas: en primer lugar, la expropiación del patrimonio de los especuladores. Hay que arrebatar sin contrapartidas el patrimonio acumulado por miles de sanguijuelas. El problema más inmediato de vivienda es que está acaparada por especuladores, por lo que debemos revertir su proceso de acumulación de propiedades. En segundo lugar, la prohibición del uso especulativo de las viviendas. Prohibir de inmediato cualquier uso que no sea residencial o recreativo (para la clase trabajadora); paralizar cuanto antes esta vorágine en marcha que concentra más propiedades y más poder en manos de unos pocos. Y por último, la planificación racional y en base a las necesidades sociales de todo el patrimonio, garantizando calidad, y asequibilidad. Dejar que el mercado, en su santa omnipotencia, regule qué se construye, para quién y por cuanto dinero, es como dejar al zorro cuidar de las gallinas. La planificación es un modelo infinitamente superior que garantiza un uso justo y racional de los recursos. Una vez realizadas estas medidas, entonces sí, podría hablarse de la necesidad de rehabilitar o construir más para ampliar el parque inmobiliario. Pero hacerlo al revés, empezar el debate por la construcción, es la broma de mal gusto de los políticos que ya están repartiendo cheques a sus amiguetes.

Muchas de las cosas que he mencionado se han implementado en gobiernos socialistas o comunistas, con resultados muy exitosos. Algunas de esas experiencias, de hecho, se utilizan hoy por la socialdemocracia como ejemplos a seguir. Demostraron que la expropiación, el control democrático sobre los recursos y la planificación eran mecanismos realizables y racionales. Pero, lo absolutamente irreal e irracional es esperar estas medidas por parte del PSOE. Y esto, nos lleva a la cuestión ineludible del poder político. Mientras éste esté en manos de la clase capitalista y de los intereses especuladores, no podrá cambiarse nada. Sería ingenuo pensar que algo así podría alcanzarse sin antes doblegar a la burguesía fascista y a la liberal reformista. Sólo la clase trabajadora organizada, bajo un Partido Comunista de masas podría implementarlas.

Por lo tanto, de forma inmediata, la tarea que tenemos por delante es doble: por un lado, unir a la clase trabajadora sobre estas ideas para que aparezca en escena como sujeto político y mueva todo el tablero (como siempre lo hace cada vez que aparece con fuerza). Por otro lado, promover, reforzar y multiplicar las luchas para que muchos de los puntos ya indicados se conviertan en derechos de facto. Como cuando luchamos contra los desahucios, intentando imponer el derecho al uso de la vivienda sobre el derecho al lucro. Volvamos a desear con ambición, a pensar con concreción y a luchar con eficacia.