El coche eléctrico sigue sin consolidarse como una alternativa real al vehículo de combustión en Europa. A pesar de los ambiciosos objetivos de descarbonización marcados por la Unión Europea, los altos precios de los modelos eléctricos, la falta de incentivos claros y la insuficiencia de puntos de recarga han ralentizado su expansión. En países como el Estado español, la cuota de mercado de los vehículos 100% eléctricos en 2024 fue del 5,6%, muy por debajo de la media europea del 13,6%, según datos de la Asociación Europea de Fabricantes de Automóviles (ACEA).
Uno de los principales obstáculos ha sido la gestión de las ayudas a la compra. En el Estado español, el plan MOVES ha sido criticado por su complejidad y demoras en los pagos, mientras que en Alemania, el fin de las subvenciones provocó una caída del 29% en las ventas de eléctricos en 2024. En contraste, Noruega, con un sistema de incentivos más estable, un mayor poder adquisitivo y una infraestructura de carga más desarrollada, ha logrado que la mayoría de sus nuevas matriculaciones sean eléctricas. La industria automovilística europea enfrenta, además, la presión de la competencia china, cuyos fabricantes ya dominan el 60% del mercado global.
Ante este panorama, la Comisión Europea y los fabricantes han iniciado un replanteamiento de la estrategia de transición verde. Josep Maria Recasens, número dos de Renault Group y presidente de la patronal española ANFAC, declaró en Actualidad Económica que “es necesario un modelo de transición más realista” y que la diferencia de precio entre los coches de combustión y eléctricos, en algunos casos del 100%, dificulta la adopción. El sector reclama “un plan integral que incluya incentivos sostenibles”, el desarrollo de una industria europea de baterías y “una mejora en la red de carga para hacer realmente viable la movilidad eléctrica”.