El mercado del alquiler continúa registrando un crecimiento sostenido de precios en las primeras potencias económicas del mundo. Según The Economist, antes de la pandemia de COVID-19, los alquileres aumentaban a una tasa anual del 2%, pero actualmente el crecimiento es del 5% anual, el más alto en décadas. En algunos países, como Portugal, los precios han subido un 7% interanual, mientras que en Australia la inflación del alquiler es ocho veces superior a la registrada a finales de la década de 2010.
Este aumento se debe a varios factores inmediatos. Además del impacto de la especulación inmobiliaria y el crecimiento del alquiler turístico, que ha reducido la oferta de viviendas disponibles para residencia habitual en muchas ciudades, la política monetaria también ha elevado el coste de los créditos hipotecarios, dificultando el acceso a la vivienda en propiedad y empujando a más personas al mercado del alquiler. Además, muchos propietarios con hipotecas a tipo variable han trasladado el incremento de sus costes a los inquilinos, encareciendo aún más los arrendamientos.
Aunque algunos analistas consideran que la inflación del alquiler “podría estar alcanzando su punto máximo”, el acceso a la vivienda sigue siendo un problema para cada vez más personas en el mundo. La combinación de altos costes financieros y bajos ingresos, muchos hogares de la clase trabajadora quedan fuera del mercado de compra, lo que prolonga la presión sobre los inquilinos y plantea desafíos económicos, políticos y sociales en los países afectados.