La reciente cumbre del Consejo Europeo en Bruselas dejó en evidencia las diferencias entre los países del Este y del Sur de Europa respecto al rearme. Los países más cercanos a Rusia, como Estonia, Lituania y Polonia, consideran “urgente” aumentar las capacidades armamentísticas de la Unión Europea (UE), asegurando que “Moscú no se detenga en Ucrania y atacará otras fronteras en los próximos años”.
Sin embargo, en el sur de Europa, Madrid, Roma, París y Atenas son más reticentes. Por un lado, no están de acuerdo con la termonología empleada, prefieren evitar el término “rearme”. Pero, sobre todo, el desacuerdo radica en una cuestión financiera: prefieren buscar formas de financiar la defensa sin que recaiga sobre la deuda pública de los estados, proponiendo en su lugar “transferencias o instrumentos europeos comunes”.
La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, declaró con absoluta claridad que Europa “debe prepararse para la guerra”, mientras que líderes como el primer ministro lituano, Gitanas Nausedas, aseguraron que “si no se rearman, Europa podría ser la próxima víctima de Rusia”.
La diferencia de percepciones también se refleja en las discusiones sobre el apoyo a Ucrania. La UE reafirma su compromiso de seguir apoyando militarmente a Ucrania, aunque la falta de consenso sobre la cantidad de ayuda y la financiación de la misma ha generado fricciones entre los estados miembros.
Mientras tanto, el presidente ucraniano, Volodimir Zelensky, presenta a los líderes europeos la situación de su país, subrayando que “no aceptará la transferencia de sus centrales nucleares a Estados Unidos”, como sugiere el presidente estadounidense Donald Trump.