Europa finaliza el invierno con las reservas de gas en su punto más bajo desde 2022, según los datos de Gas Infrastructure Europe (GIE) recogidos por RTVE. Al 31 de marzo, el nivel de almacenamiento en la UE se situaba en el 33,6% de su capacidad total, nueve puntos por debajo del promedio de los últimos cinco años y muy lejos del 58,8% registrado en la misma fecha del año pasado.
Esta caída responde, en gran medida, al aumento del consumo en los meses de noviembre y diciembre, un periodo que registró temperaturas más frías que los inviernos anteriores y una menor producción de energía renovable en algunos países, lo que llevó a un mayor uso de gas para generación eléctrica. Pero sobre todo se debe al corte de gran parte del suministro energético ruso.
El descenso en las reservas obligará a los países europeos a acelerar la reposición durante los próximos meses, un proceso que podría generar tensiones en el mercado. Antonio Aceituno, director de la consultora Tempos Energía, advierte que “se nos presenta un verano muy desafiante para llegar bien preparados al próximo invierno”, y señala que factores como la demanda china, la situación geopolítica en Ucrania y Oriente Medio y las obligaciones de almacenamiento impuestas por Bruselas influirán en la evolución del precio del gas.
Según la normativa europea, los países con infraestructuras de almacenamiento deben alcanzar un nivel del 90% antes del 1 de noviembre, lo que podría aumentar la competencia por la compra de gas entre los diferentes países en los próximos meses.
A pesar del descenso en las reservas, el mercado del gas se mantiene estable, por el momento. La referencia europea, el TTF holandés, se ha mantenido en torno a los 40 euros por megavatio/hora en las últimas semanas, aunque los futuros apuntan a un ligero encarecimiento en los meses de verano.
José Luis Sancha, profesor de la Universidad Pontificia Comillas, considera que “lo importante es que se vaya rellenando con cabeza, sin prisas, para no tensionar el precio”. Sin embargo, advierte que la evolución del mercado dependerá en gran medida de la situación geopolítica, ya que “el gas se ha convertido en un instrumento geopolítico y de guerra”.