Una quincena de policías nacionales franceses, encapuchados y en uniforme, ha protagonizado una polémica puesta en escena en una comisaría de París, donde aparecen posando bajo una bandera francesa y sosteniendo con una pancarta feminista invertida que muestra consignas antifascistas y antiracistas. Según la investigación de Blast, la pancarta fue incautada durante la manifestación contra las violencias sexistas del 22 de noviembre, donde las fuerza policiales reprimieron marchas feministas mientras escoltaban a grupos fascistas como el identitario Némésis y el colectivo sionista Nous vivrons.

La imagen, distribuida presumiblemente por los propios agentes, reproduce la simbología utilizada en el mundo ultra y hooligan, donde habitualmente se muestran como trofeos las banderas o pancartas de grupos rivales tras enfrentamientos. Juristas señalan que esta acción, además de sus connotaciones fascistas, constituye una violación explícita del "principio de neutralidad del servicio público y del deber de reserva de los funcionarios". Los agentes aparecen en posición desafiante, tratando el material incautado a colectivos feministas como "botín de guerra".

Durante la manifestación del 22-N, las fuerzas policiales practicaron lo que Blast describe como "una selección política de objetivos", protegiendo sistemáticamente a los grupos fascistas y sionistas mientras impedían las contramanifestaciones feministas y propalestinas. La pancarta exhibida pertenecía específicamente a uno de estos grupos antifascistas feministas que intentaban protestar contra la presencia de los fascistas de Némésis.

La publicación de esta imagen por parte de los uniformados representa una escalada más en la fascistización visible de la policía francesa, mostrando abiertamente su hostilidad hacia los movimientos sociales, antifascistas, feministas, propalestinos y antiracistas. Como señala Blast, esta actuación "no tiene nada de anecdótico" sino que explicita una identificación con posturas fascistas de forma pública y desafiante.