Julian Adrat, actualmente miembro y candidato de Alternativa para Alemania (AfD) en Berlín, ha declarado abiertamente en sus redes sociales que no le interesan los delitos sexuales contra menores cometidos por las élites económicas. "No me interesa si los multimillonarios tienen sexo con menores en jets privados", escribió Adrat, en un intento de restar importancia al gravísimo caso de la trama del multimillonario pederasta Jeffrey Epstein. En su lugar, centró su mensaje en vincular episodios de violencia juvenil o acoso escolar exclusivamente con la inmigración, acusando al gobierno y a la radiotelevisión pública (ÖRR) de "ignorar estos problemas".

La declaración, que minimiza explícitamente los crímenes de abuso sexual contra menores más graves que se han conocido en occidente en los últimos tiempos, se enmarca en la estrategia narrativa del partido neonazi alemán: desviar la atención de la corrupción y los crímenes de las burguesía –con las que su partido ha mantenido vínculos, como revelaron los archivos Epstein– para alimentar un relato racista que presenta a los migrantes como "la única fuente inseguridad". Adrat enumeró casos como "menores que acaban bajo un tren porque el gobierno deja entrar bárbaros" o acoso por "no llevar velo".

Este doble rasero –indiferencia ante los abusos de poder y explotación sexual de los ricos, junto a una instrumentalización de la violencia real para estigmatizar a comunidades migrantes pobres– es característico de los movimientos fascistas europeos. Al mismo tiempo, Adrat atacó a los medios de servicio público (ÖRR), acusándolos de "no interesarse por estos temas", en una táctica habitual para erosionar la credibilidad de la prensa y promover su propio relato.

La intervención de Adrat ocurre en un contexto de crecimiento de la AfD, que ya es la segunda fuerza en varios Länder y mantiene alianzas con otros partidos fascistas europeos, entre ellos una reciente escisión de la Lega Italiana de Matteo Salvini. Su discurso no busca resolver la violencia, sino explotarla políticamente, eximiendo la responsabilidad de la oligarquía sobre hechos abominables mientras canaliza el malestar social hacia el odio contra los más vulnerables.