La última desclasificación de documentos del caso Epstein revela significativos intentos del exestratega jefe de Donald Trump, Steve Bannon, de reclutar al multimillonario pederasta para apoyar y financiar a los partidos fascistas en Europa. Según The Guardian, docenas de mensajes de 2018 y 2019 muestran a Bannon afirmando estar "centrado en recaudar dinero para Le Pen y Salvini" para que pudieran presentar listas completas en los comicios al Parlamento Europeo. Los mensajes detallan sus viajes por el continente y sus ambiciones de forjar un movimiento "ultraconservador" y "euroescéptico" unificado.

Entre los objetivos prioritarios de Bannon destacaba el líder de la Lega italiana, Matteo Salvini, entonces vicepresidente del Gobierno. La oposición política en Italia y Francia ha exigido explicaciones y una investigación parlamentaria tras conocerse estos vínculos. El diputado del Partido Democrático italiano Andrea Casu reclamó "claridad y transparencia" al gobierno, preguntándose si existe un vínculo con "quienes hoy juegan un juego político con estas fuerzas de derecha a nivel europeo". El partido de Salvini negó haber recibido fondos y calificó las especulaciones de "exageraciones graves".

Los archivos también exponen comunicaciones de Bannon y Epstein promocionando al partido neonazi alemán Alternativa para Alemania (AfD) y denigrando a la entonces canciller Angela Merkel. En Francia, aparecen mencionadas figuras como el exministro de Cultura Jack Lang y su hija Caroline, quien dimitió de la Unión de Productores Independientes francesa tras revelarse que fundó una empresa offshore con Epstein en 2016. Un correo también sugiere una visita no consensuada del actual ministro de Economía, Bruno Le Maire, a la mansión de Epstein en 2013.

Las filtraciones no aportan pruebas de transferencias económicas directas, pero sí desnudan la arquitectura de influencia buscada por el fascista Bannon: utilizar el capital y las conexiones de siniestras figuras oligárquicas como Epstein para impulsar proyectos políticos reaccionarios en Europa. El caso evidencia cómo las élites financieras internacionales operan como fuerza de agitación política fascista, intentando modelar el espacio europeo a través de la financiación de partidos racistas.