Bulgaria estrena el euro con algunos productos más caros que en Alemania
Comparativas de productos de marca idénticos en supermercados genera preocupación en el país más empobrecido de la UE, donde el salario medio es casi cuatro veces menor que en Alemania.
Tras la entrada de Bulgaria en la eurozona el pasado 1 de enero de 2026, un paso calificado como "histórico" por las instituciones europeas, la clase obrera del país balcánico ha topado de inmediato con la cruda realidad de los estantes de los supermercados, confirmando los peores augurios. Una simple comparativa de precios realizada por usuarios en redes sociales y difundida por balkan.stories ha evidenciado que numerosos productos de marca idénticos, como una pizza congelada de la marca Dr. Oetker, un bote de pepinillos, un brick de leche, el chocolate o paquetes de patatas fritas tienen un precio sistemáticamente mayor en un establecimiento de Kaufland en Shumen (Bulgaria) que en otro en Leipzig (Alemania). Esta situación ha encendido las alarmas entre los búlgaros sobre el coste real de la adopción de la moneda única para el país más pobre de la Unión Europea.
La discrepancia revela su verdadera dimensión al contrastarla con los datos de salarios. Según Eurostat, el salario medio bruto mensual en Bulgaria ronda los 1.125€, una cifra que palidece frente a los aproximadamente 4.250€ de Alemania. "El euro no es solo una moneda, es un símbolo de pertenencia", declaró el gobernador del Banco Nacional búlgaro, Dimitar Radev, en un intento por resaltar los "beneficios" a largo plazo. Beneficios para quién, se preguntarán muchos, ya que para una gran parte de la población del país balcánico esto representa una amenaza directa a su poder adquisitivo. Algunos pensionistas búlgaros resumían su el malestar ante medios internacionales, expresando temor a que los precios suban y las pensiones se queden igual.








Crisis política crónica
Frente a la preocupación social, el gobierno interino búlgaro, encabezado por Rosen Zhelyazkov, ha salido al paso negando que se estén produciendo subidas generalizadas por la transición. Las autoridades insisten en que la Ley del Euro, que fija el cambio de forma irrevocable y penaliza, en teoría, el redondeo abusivo, "protege a los consumidores". No obstante, economistas independientes señalan que el problema de fondo es estructural. La convergencia de precios en bienes de consumo, impulsada por cadenas de distribución multinacionales, no se está acompañando de una convergencia salarial. Este desequilibrio deja a las familias obreras búlgaras en una posición de clara desventaja dentro del mercado único con dos caras: precios por encima de los alemanes con salarios búlgaros.
El contexto político agrava la desconfianza entre la población, ya de por sí maltrecha. Bulgaria lleva meses sumida en una crisis de gobernabilidad, con protestas masivas y un ejecutivo en funciones pendiente de unas nuevas elecciones, la octava convocatoria en tan solo cinco años. Esta inestabilidad, unida a una corrupción endémica y a una masiva fuga de fuerza de trabajo joven, dibuja un escenario donde la promesa de "estabilidad y prosperidad" de la Unión Europea choca con la experiencia cotidiana concreta: una cesta de la compra que, para muchos, ya era inasequible. La moneda única, diseñada para "homogeneizar" mercados, está sirviendo de espejo para reflejar, con dolorosa claridad, las profundas contradicciones económicas que aún persisten en el proyecto europeo.