El ex presidente del Gobierno español, Felipe González, participó el pasado miércoles en un coloquio organizado por la Embajada de Israel en Madrid para conmemorar el 40 aniversario del establecimiento de relaciones diplomáticas, un evento que el actual Ejecutivo de Pedro Sánchez ha pasado por alto. Al acto, según informó el diario ABC, también acudió el presidente del Senado y popular Pedro Rollán. La encargada de negocios israelí, Dana Erlich, aprovechó la efeméride para lanzar una grave acusación: “Señalamiento de locales judíos. Pintadas y vandalismo... Estos no son pasos que hemos visto en Alemania en 1939, es lo que está ocurriendo aquí, en España, en 2026”.

El silencio del Gobierno de coalición contrasta con el evento celebrado en la embajada, que destacó en redes sociales la presencia de González para hablar de “la cooperación entre nuestros países, los lazos entre personas y todo lo que podemos construir juntos”. Este distanciamiento oficial sucede en un momento de relaciones diplomáticas tensas marcadas por la ofensiva genocida israelí en Gaza que ya ha matado a más de 70.000 palestinos confirmados, y que el Gobierno español ha calificado de genocidio mientras mantiene la compraventa de armas con Israel por la puerta trasera.

La postura de Felipe González supone una ruptura más con la línea oficial actual del PSOE. En septiembre pasado, el exmandatario se mostró contrario al reconocimiento del Estado palestino —medida impulsada simbólicamente por Moncloa en 2024— y cargó contra la resistencia palestina. “¿Por qué no suelta a los rehenes? ¿Quiere quitarle totalmente la razón a Netanyahu? Muy bien: suelte a los rehenes”, declaró entonces. Ahora que todos los prisioneros de guerra israelíes han sido eliminados, la entidad sionista sigue bombardeando Gaza, González guarda silencio y visita a los genocidas en su embajada.

Las relaciones bilaterales se establecieron el 17 de enero de 1986 bajo el mandato del propio González, superando las reticencias de países árabes. Cuarenta años después, la conmemoración de ese hito no solo muestra la tensión diplomática actual, sino también las profundas divisiones internas en el seno del PSOE respecto a la cuestión palestina: unos insisten en mantener las apariencias, mientras la vieja guardia prefiere ser más descarada.