El primer ministro británico, Keir Starmer, lucha por contener una crisis política tras la dimisión de sus dos asesores más cercanos, en una tormenta desatada por los vínculos de su exembajador en Washington, Peter Mandelson, con el difunto multimillonario pederasta convicto por tráfico sexual Jeffrey Epstein. Según informa The New York Times, el líder del Partido Laborista Escocés, Anas Sarwar, ha llegado a solicitar públicamente la dimisión de Starmer, argumentando que "la distracción necesita terminar y el liderazgo en Downing Street tiene que cambiar". Horas después, una decena de ministros del gabinete británico cerraron filas en su apoyo.

Sin embargo, las dimisiones en cadena del jefe de gabinete, Morgan McSweeney, y del director de Comunicación, Tim Allan, han dejado a Starmer en una situación política muy comprometedora. McSweeney admitió haber recomendado personalmente el nombramiento de Mandelson y asumió "toda la responsabilidad" por ese consejo, según recuerda The New York Times. Allan, un veterano del llamado "Nuevo Laborismo" y amigo de Mandelson, presentó su renuncia menos de 24 horas después. El Confidencial describe esta salida como un intento fallido de "contener la hemorragia" que ha dejado al primer ministro "sin brújula política en plena tormenta".

La gravedad del escándalo radica en el contenido de miles de páginas de correos electrónicos publicados recientemente, que muestran una relación estrecha y continua entre Mandelson y Epstein. Los documentos, citados por The New York Times, revelan que Mandelson, cuando era ministro en 2009, compartió con el financiero información confidencial y sensible de mercado, incluyendo un correo interno dirigido al entonces primer ministro Gordon Brown sobre una venta de activos gubernamentales. En 2010, le facilitó a Epstein avance sobre un rescate financiero de 500.000 millones de euros.

Starmer ha insistido en que Mandelson "mintió" sobre la naturaleza de su relación con Epstein y ha expresado su "arrepentimiento" por el nombramiento. "Lo que me hace estar más enfadado es la mina a la creencia de que la política puede ser una fuerza para el bien", declaró a su equipo en Downing Street, relata uno de sus asesores a The New York Times. Sin embargo, figuras como la exvicelíder laborista Harriet Harman han cuestionado esa defensa, tachándola de "muestra de debilidad y credulidad". La crisis estalla en vísperas de elecciones importantes en Escocia y Gales, donde el Partido Laborista pierde terreno en las encuestas.