La celebración del Super Bowl LX en el Levi's Stadium de Santa Clara no solo dejó un campeón, sino una estela de contaminación masiva de los más ricos. Según los datos recopilados por las plataformas de seguimiento Flightradar24 y WingX, aproximadamente 600 jets privados despegaron desde los cinco aeropuertos principales del Área de la Bahía de San Francisco en las horas y el día posteriores al partido. Este tráfico supuso un incremento del 1.136% en las salidas de aviones ejecutivos respecto al domingo anterior, un éxodo de lujo que contrasta con las 70.823 personas que llenaron el estadio.

La huella ambiental de este despliegue es monumental. Mientras las instituciones advierten sobre la emergencia climática, este convoy aéreo de élite emitió miles de toneladas de CO2 en cuestión de pocas horas, de la mano de un puñado de multimillonarios. Un solo jet privado puede contaminar entre 10 y 20 veces más por pasajero que un vuelo comercial regular. Las aproximadamente 600 aeronaves, muchas de ellas vacías en sus viajes de posicionamiento previo, quemaron combustible suficiente para igualar las emisiones anuales de miles de ciudadanos medios, evidenciando la total desconexión entre el discurso corporativo de sostenibilidad y las prácticas reales del capitalismo fósil.

La industria de la aviación privada, utilizada por una ínfima minoría de la población global, es uno de los sectores de más rápido crecimiento en emisiones. Eventos como el Super Bowl funcionan como concentradores de este consumo extremo de lujo, donde las élites económicas y celebridades normalizan un nivel de derroche energético que profundiza la crisis climática, y que está bsolutamente fuera del control democrático de la mayoría de la población, que luego tiene que padecer restricciones y privaciones en el transporte público o privado, a menudo bajo discursos de "sostenibilidad".

En un mundo que requiere reducciones drásticas y colectivas de emisiones, las clases dominantes exhiben uno de sus mayores privilegios: el derecho a contaminar sin límite. El éxodo de jets privados tras la Super Bowl es un recordatorio muy gráfico de que la lucha contra el cambio climático choca frontalmente con los intereses y los hábitos de consumo de los más ricos. Mientras se exige sacrificio a la población, la fiesta de la hiper-contaminación de lujo sigue su curso en vuelo charter.