El gobierno de los Estados Unidos de América, dirigido por el presidente Donald Trump, ha utilizado un jet privado propiedad del empresario y donante republicano Gil Dezer para deportar a palestinos detenidos por el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) hacia Cisjordania, según una investigación en exclusiva de The Guardian. El avión, un Gulfstream modelo G550 que Dezer ha descrito como su "pequeña nave cohete", realizó un primer vuelo el pasado 21 de enero desde Arizona a Jaffa/Tel Aviv (Palestina ocupada), con ocho hombres palestinos esposados y encadenados en su interior. Un segundo vuelo similar tuvo lugar el 1 de febrero. Los deportados fueron posteriormente entregados a las autoridades israelíes y dejados en un puesto de control cerca de la aldea cisjordana de Ni'lin.

Los vuelos, organizados a través de la empresa de aviación Journey Aviation, forman parte de una operación políticamente sensible y secreta que marca un cambio en la política de deportaciones. "Dejados como animales al lado de la carretera", relataba a The Guardian uno de los deportados, Maher Awad, de 24 años. Los hombres, vestidos con ropa de prisión y con sus pertenencias en bolsas de plástico, fueron transportados con escalas de repostaje en Nueva Jersey, Irlanda y Bulgaria. Tanto Awad como otro deportado, Sameer Isam Aziz Zeidan, declararon que llevaban grilletes en los tobillos y que a Awad incluso le llegaron a inmovilizar el torso con las muñecas esposadas al estómago, lo que le dificultaba comer.

La operación está directamente relacionada a círculos cercanos a la administración Trump. Gil Dezer, socio comercial de Trump durante más de dos décadas en proyectos inmobiliarios en Miami y donante de más de 1,3 millones de dólares a sus campañas, declaró en una entrevista reciente su "amor" por el presidente. "Estuve en su boda. Él estuvo en la mía. Somos buenos amigos", dijo Dezer a The Guardian, aunque afirmó no haber estado al tanto del propósito específico de los vuelos. Activistas de derechos humanos señalan el alto costo de la operación, estimado entre 400.000 y 500.000 dólares por vuelo, financiado con fondos públicos.

Los casos individuales detallados por la investigación muestran las conexiones internacionales de la campaña de deportaciones masivas de la administración Trump, mostrando compenetración entre las patrullas de ICE y la colonización de palestina.

Maher Awad, que llegó a EE.UU. siendo adolescente, dejó en Michigan a su pareja y a un hijo de cuatro meses al que nunca ha podido sostener. Su pareja, Sandra McMyler, declaró al medio: "Quiero que mi familia vuelva a estar junta". La organización Human Rights First (HRF) denunció que estas deportaciones se enmarcan en un sistema opaco que "ha ignorado descaradamente el debido proceso, separado familias y opera sin ninguna rendición de cuentas". Tanto el Departamento de Seguridad Nacional como el gobierno israelí se negaron a comentar su participación en la operación.