La República Popular China aplicará un tratamiento arancelario cero a las importaciones procedentes de los 53 países africanos con los que mantiene relaciones diplomáticas a partir del 1 de mayo de 2026, según informó la televisión estatal china. La medida, que supone la eliminación total de aranceles para los productos africanos, forma parte de una estrategia más amplia de Pekín para profundizar sus vínculos económicos con el continente y contrarrestar la creciente presión comercial de Estados Unidos y la Unión Europea.

El anuncio coincide con la publicación del informe de la televisión estatal, que detalla que China continuará impulsando la negociación y firma de acuerdos de asociación económica conjunta, y ampliará el acceso al mercado para las exportaciones africanas a través de mecanismos reforzados como el "canal verde". Esta vía preferencial agiliza los trámites aduaneros para productos perecederos y de alta demanda, beneficiando especialmente a sectores como la agricultura y la floricultura, estratégicos para varias economías africanas.

La decisión responde a la acelerada competencia geopolítica por la influencia en África, donde Pekín ha invertido miles de millones de dólares en infraestructuras y recursos naturales en las últimas dos décadas. Mientras Washington endurece su política migratoria y comercial bajo la administración Trump, y Bruselas mantiene barreras arancelarias y fitosanitarias, China aprovecha para presentarse como un socio comercial más accesible, con menos condiciones políticas que las exigidas por las potencias occidentales.

La maniobra china también responde a la necesidad de diversificar sus fuentes de aprovisionamiento de materias primas y productos agrícolas en un contexto de tensiones comerciales con Washington y de inestabilidad creciente en otras regiones proveedoras. Para los países africanos, la eliminación de aranceles supone una oportunidad para incrementar sus exportaciones, a la vez que perpetúa la dependencia, su posición subordinada y la división internacional del trabajo existente. A esto se añaden desafíos logísticos, de calidad y de cumplimiento de estándares. La medida será estudiada de cerca por Bruselas y Washington, que ven cómo Pekín amplía su influencia en un continente rico en recursos estratégicos.