Los líderes de Alemania, Francia y Reino Unido escenificaron este viernes en la Conferencia de Seguridad de Múnich su compromiso de incrementar el gasto militar europeo. En un encuentro trilateral, el canciller alemán Friedrich Merz, el presidente francés Emmanuel Macron y el primer ministro británico Keir Starmer coincidieron en que Europa "debe dar un paso adelante y hacer más para compartir esa carga", según un comunicado de Downing Street recogido por EFE. Starmer subrayó que "no hay seguridad británica sin seguridad europea, ni seguridad europea sin seguridad británica". Merz, por su parte, bromeó con la bandera europea en la mesa ante el socio post-Brexit, en un intento de disimular las tensiones.

Macron aprovechó la cumbre para anunciar su intención de "restablecer un canal de comunicación con Rusia con total transparencia", siempre que Ucrania dé su visto bueno. El mandatario francés aseguró que "no habrá paz sin los europeos" y reivindicó que sean las potencias del continente "quien definan las reglas de coexistencia" con Moscú tras el fin de la guerra. Aunque fue crítico con Vladimir Putin —a quien acusó de haber logrado lo contrario de lo que buscaba al impulsar el "rearme masivo" europeo—, su propuesta evidencia el deseo de París de recuperar protagonismo diplomático al margen de Washington.

Ucrania centró buena parte de las conversaciones. Zelensky se reunió con Merz, Starmer, Macron y otros líderes europeos mientras se ultiman los detalles de una tercera ronda de negociaciones con Rusia, prevista para el 17 y 18 de febrero en Ginebra bajo mediación estadounidense. Las partes reconocen que el principal escollo sigue siendo la exigencia rusa de que Ucrania ceda todo el territorio del Donbas, incluida una zona aún no controlada de Donetsk, así como el futuro de la central nuclear de Zaporiyia. Moscú rebajó el nivel de su delegación al nombrar de nuevo al asesor cultural Vladimir Medinski, en lugar del jefe de inteligencia militar que negoció en Abu Dabi.

El secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, intervino en la conferencia para dejar claro que la administración Trump quiere "reparar los errores del pasado" y está dispuesta "a hacerlo sola", aunque "preferiría contar con el respaldo europeo porque pertenecemos a la misma civilización, la civilización occidental". La apelación a los lazos "forjados por siglos de historia compartida, fe cristiana, cultura, herencia, lenguaje y ascendencia" sonó a vieja retórica de la Guerra Fría. El debate en Múnich, entre llamadas a la unidad y exigencias de rearme, consolida una agenda belicista que prioriza el negocio armamentístico.