Acabemos con Altri
Altri y su monstruosa fábrica aún respiran: pese a estar herido, el proyecto no deja de estudiar otras formas para instalarse siendo una opción no descartable la utilización de la planta de ENCE en Pontevedra.
Altri y su monstruosa fábrica aún respiran: pese a estar herido, el proyecto no deja de estudiar otras formas para instalarse siendo una opción no descartable la utilización de la planta de ENCE en Pontevedra.
La izquierda reformista española agoniza vital y electoralmente, con la dupla Sumar-Podemos abismándose hacia la irrelevancia práctica en la que ya se encuentran Syriza o sus homólogos italianos.
Si queremos dar una respuesta a la altura de la situación, debemos construir un gran frente de clase contra el fascismo y el giro autoritario de los estados y, también, y en esto quiero detenerme, una nueva actitud militante.
Esas mayorías antifascistas que apoyan al antifascismo de calle son las que Otegi y su grupo pretenden liquidar con sus maniobras discursivas sobre un antifascismo domesticado y teledirigido por burocracias de partido.
Para ejercer un antifascismo eficaz se debe combatir el fascismo tanto a nivel ideológico –marco cultural, político y estatal– como a pie de calle –desnormalización de las prácticas fascistas y coto a su impunidad–.
Desde los espacios rupturistas hemos errado habitualmente al achacar todos los males del actual Estado español a los elementos de continuidad del franquismo presentes en él. El problema de fondo es que este análisis blanquea e idealiza inevitablemente la “democracia burguesa”.
El escándalo que supone que las víctimas hayan tenido que soportar todo un año de ver a Mazón como presidente sólo puede explicarse por una confluencia de intereses de todos los actores involucrados.
En las últimas semanas ha sido recurrente el tema del fascismo y el antifascismo. Su actualidad coincide con acontecimientos como la visita de La Falange a Gasteiz, o el ataque fascista al gimnasio popular La Fabrika, en Vallekas.
Bajo el impulso a la industria, el empleo y la actividad económica gallega, el BNG esconde el apoyo directo e indirecto a empresas gallegas como Urovesa, cuyos negocios manchados de sangre la han catapultado a recibir contratos millonarios del Estado español.