El pasado sábado, la Gazte Asanblada de Burlata (Nafarroa) convocó una movilización en defensa de su gaztetxe, que recorrió las calles de la localidad hasta la plaza del ayuntamiento. Al final de la marcha, los organizadores anunciaron que, tras meses de negociaciones, el consistorio había aceptado su última propuesta: “Burlatako Gaztetxeak bizirik jarraituko du” (El Gaztetxe de Burlata seguirá vivo). Según la asamblea, este acuerdo “garantiza las condiciones básicas para continuar con el proyecto”, a pesar de que el edificio actual será derribado dentro del plan de prevención de inundaciones. “Esto demuestra que la lucha merece la pena”, afirmaron, agradeciendo el apoyo recibido durante la campaña.
Un día antes, en Bilbo (Bizkaia), más de mil personas participaron en una manifestación en el barrio de Errekalde para evitar el inminente desalojo del gaztetxe Etxarri II, previsto para el 4 de abril. El espacio, ocupado en 2014 tras el derribo de Kukutza, ha funcionado desde entonces como centro de organización juvenil y cultural. Sus integrantes denunciaron que el desalojo responde a un proyecto urbanístico impulsado por el Ayuntamiento y la promotora Amenabar, y que los nuevos pisos “no estarán al alcance de la clase trabajadora”. En este contexto, llamaron a movilizarse para impedir el cierre del espacio y expresaron su solidaridad con otros gaztetxes y proyectos en riesgo, como los de Zornotza, Durango, Igorre y Burlata.



















