La huelga internacional de portuarios bloquea buques con armas en el Mediterráneo
Una coalición sindical paraliza una veintena de puertos, interrumpiendo la cadena logística militar en una acción coordinada contra el genocidio y por derechos laborales.
La clase trabajadora portuaria del Mediterráneo ejecutó ayer una huelga internacional histórica, paralizando operaciones en unos 25 puertos de Italia, Grecia, Euskal Herria, Turquía y Marruecos. La acción, coordinada por la Federación Sindical Mundial y convocada en Italia por el sindicato de base USB, combinó paros de 24 horas con el bloqueo selectivo de buques que transportan material militar. Según el balance de los organizadores, fue una movilización "inedita" por su amplitud y por la politización explícita de un conflicto laboral que traspasa fronteras para enfrentar la economía de guerra, tal como informó Contropiano.
Los resultados materiales, aunque fueron desiguales puerto a puerto, fueron tangibles e inmediatos. El efecto fue especialmente notorio en Italia, donde puertos clave como Génova, Livorno y Rávena vieron bloqueados varios buques de la naviera ZIM. La ZIM Virginia, cargada de armas, permaneció fondeada frente a Livorno; la ZIM New Zealand y la ZIM Australia no pudieron atracar en Génova y Rávena, respectivamente. Otro buque, el MSC Eagle III con destino a la Palestina ocupada por el Estado de Israel, tuvo que desviar su ruta. Los estibadores, organizados por el influyente y combativo USB, aplicaron una estrategia de negativa selectiva a manipular carga bélica, interrumpiendo la cadena logística de suministro militar, según especificó la propia central sindical en un comunicado.
Las declaraciones de los trabajadores portuarios dejaron clara la fusión entre las reivindicaciones económicas y políticas. Portuarios genoveses afirmaron humildemente: “Hay momentos en la historia en los que la clase obrera, en este caso los trabajadores portuarios, debe entrar en el campo de juego y debe reequilibrar un poco las cosas. Ahí estamos intentándolo”. Anteriormente, Francesco Staccioli, de la USB, aportaba más razones para vincular las demandas económicas con las políticas, advirtiendo de que no actuar ahora tendría consecuencias graves para las condiciones de la clase obreras: "Si no tomamos esta medida, todas nuestras demás demandas serán aplastadas por la guerra". Por ello, añadieron que, junto al rechazo a la guerra imperialista y el genocidio, exigen “más seguridad y contratación que ponga en el centro a los trabajadores portuarios, y no los intereses de las multinacionales”. La Freedom Flotilla lanzó un mensaje de apoyo y solidaridad a los trabajadores en huelga, destacando que “vuestro brazo que se detiene es hoy el único obstáculo material entre la industria de la guerra y el genocidio en Gaza”.
La huelga, germinada desde una asamblea en Génova hace seis meses, marca otro punto de inflexión organizativo en la capacidad de acción directa de la clase trabajadora para interferir en el tablero político internacional. Más allá de las reivindicaciones sectoriales, el movimiento logró una coordinación operativa internacional que vulneró la normalidad del tráfico de armas. Este éxito, parcial pero significativo, con bloqueos verificables, establece un precedente claro de cómo debe y puede actuar la organización internacional del proletariado hoy para abrir “una brecha”, en palabras de los convocantes, ante el asedio logístico y militar que sostienen los gobiernos y las grandes corporaciones del sector sobre el famélico pueblo palestino en Gaza y demás pueblos sometidos al yugo del imperialismo.