Los recortes de EE. UU. ponen en riesgo millones de vidas por sida hasta 2030

ONUSIDA alerta de que la interrupción del PEPFAR pondría en riesgo décadas de avances, con seis millones de nuevas infecciones y graves impactos en África subsahariana.

La Delegación de ONUSIDA en la 39ª Reunión de la Junta Coordinadora del Programa, imagen de archivo.
Foto: UNAIDS

El Programa Conjunto de las Naciones Unidas sobre el VIH/Sida (ONUSIDA) ha advertido este jueves que, si persisten los recortes de fondos de los Estados Unidos de América para la prevención y tratamiento del sida, podrían producirse hasta seis millones de nuevas infecciones por VIH y cuatro millones de muertes adicionales relacionadas con la enfermedad antes de 2030. Así lo recoge el informe “Sida, crisis y el poder para transformar”, presentado en Johannesburgo (Sudáfrica) y difundido por EFE y otros medios internacionales.

Las proyecciones de ONUSIDA se basan en el escenario de una “interrupción permanente” del Plan de Emergencia del Presidente de Estados Unidos para el Alivio del Sida (PEPFAR), que contemplaba unos 4.300 millones de dólares de apoyo bilateral en 2025. El informe señala que “estos servicios se detuvieron de la noche a la mañana cuando el Gobierno estadounidense cambió sus estrategias de asistencia exterior”, lo que ha provocado el cierre de centros de salud, la interrupción de programas de prevención y la reducción de personal sanitario en decenas de países, especialmente en África subsahariana.

ONUSIDA subraya que la financiación internacional representa el 80% de los programas de prevención del VIH en países de ingresos bajos y medios, y que la retirada de fondos de EE. UU. dentro de esa financiación internacional ha desestabilizado cadenas de suministros y obligado a miles de organizaciones comunitarias a reducir o cesar sus actividades. En Mozambique, más de 30.000 profesionales sanitarios se han visto afectados; en Nigeria, el inicio de la profilaxis preexposición (PrEP) ha caído de 40.000 a 6.000 personas al mes.

Según la directora ejecutiva de ONUSIDA, Winnie Byanyima, el recorte de ayuda estadounidense “no es solo un déficit de financiación, es una bomba de relojería”, y advierte que si otros grandes donantes siguen el mismo camino, “décadas de avances en la respuesta al VIH podrían revertirse”.

ONUSIDA estima que, si el mundo adopta nuevas tecnologías y enfoques, el coste anual de la respuesta al VIH podría reducirse en 7.000 millones de dólares, pero insiste en que es necesaria una “solidaridad global” para evitar una crisis sanitaria de mayores dimensiones.

Washington tiene la llave

Este escenario también pone de manifiesto quién controla realmente “las ayudas al desarrollo” a nivel mundial, a qué intereses responden, qué función cumplen en el sometimiento de países enteros y de quién dependen realmente las vidas de millones de personas, así como la arbitrariedad a la que están sujetas. Las decisiones de financiación tomadas por la principal superpotencia mundial pueden determinar el acceso o la privación de tratamientos esenciales para poblaciones enteras, evidenciando la profunda desigualdad y dependencia estructural que caracteriza al sistema internacional de “cooperación” y “ayuda humanitaria” capitalista.