La Guardia Civil detuvo a Mikel Zabalza el 26 de noviembre de 1985, hace exactamente 40 años. En la misma operación detuvieron también a varias personas más: sus dos hermanos, su pareja Idoia Aierbe, su primo Manuel Bizkai y el vecino de Errenteria Ion Arretxe. A los dos hermanos los dejaron en libertad, pero a los otros cuatro los trasladaron al cuartel de Intxaurrondo (Donostia, Gipuzkoa), acusados de pertenecer a ETA. Allí desapareció Mikel.

Cuatro décadas después, los hechos continúan sin esclarecerse oficialmente, y el Gobierno español mantiene bajo secreto la información sobre el caso. Coincidiendo con el aniversario, el tema ha vuelto a llevarse al Congreso español, y varios representantes políticos han pedido al Gobierno que desclasifique los archivos relacionados con el caso. En teoría, el Congreso de los Diputados tiene competencia para ello, según recoge elDiario.es.

Las demás personas detenidas declararon que los guardias civiles les habían torturado brutalmente en Intxaurrondo. Aierbe llegó a ver a Zabalza con una bolsa en la cabeza en el cuartel, y uno de sus primos escuchó los gritos del joven.

Veinte días después de su detención encontraron el cadáver de Mikel en el río Bidasoa. Seguía esposado. Tenía 33 años.

Las investigaciones cuestionaron la versión oficial

La versión oficial sostenía que la Guardia Civil había llevado a Zabalza a la zona de Lesaka (Nafarroa) durante su detención “para identificar un zulo” de ETA, y que allí “trató de escapar saltando al río Bidasoa” . En teoría, los propios guardias civiles habrían “encontrado” su cuerpo después en el agua, el 15 de diciembre de 1985.

Sin embargo, las investigaciones pusieron en duda esta versión. El cuerpo estaba irreconocible, pero diversos testigos informaron de que los guardias civiles habían sometido a Zabalza a un duro interrogatorio y que murió como consecuencia de las torturas. Cuando la madre de Zabalza acudió al cuartel a preguntar dónde tenían a su hijo, se burlaron de ella y le respondieron que fuese “a la oficina de objetos perdidos”.

Además, hace apenas cuatro años, en 2021, salió a la luz una conversación telefónica. En ella se escuchaba hablar al capitán de la Guardia Civil Pedro Gómez Nieto y al miembro de los servicios secretos Alberto Perote, donde Gómez Nieto daba a entender que la Guardia Civil había matado a Mikel. Según él, se les “fue la mano”.

Testimonios de las torturas

Ion Arretxe relató las torturas que sufrió durante aquella detención en su libro Intxaurrondo: la sombra del nogal. “Me metían la cabeza en el agua, hacían preguntas, me la volvían a meter provocándome ahogos… Perdí el conocimiento varias veces y llegué a desear la muerte […]. Todo eran gritos […]. De vez en cuando un médico examinaba mis uñas; así sabían si podían seguir torturándome. Cuando volvimos a Intxaurrondo estaba empapado, vomitado y meado. Me arrastraron hasta una sala y allí me dejaron incomunicado”.

También explicó lo siguiente: “Me llevaron directamente al monte, a la orilla de un arroyo. Tenían bien elegido el lugar. Me metieron bolsas de plástico en la cabeza y en los pies, y luego me envolvieron todo el cuerpo con cinta adhesiva, dejándome como una momia”.