El proceso de ratificación del acuerdo comercial entre la Unión Europea y el Mercosur ha vuelto a encallar este jueves en Bruselas tras la confirmación oficial del voto negativo por parte de Macron y Orbán. El Palacio del Elíseo emitió un comunicado tajante en el que el presidente Emmanuel Macron justifica su negativa basándose en un "rechazo político unánime" en su país, alimentado por la presión de un sector agrícola en pie de guerra contra lo que consideran "una amenaza existencial para la soberanía alimentaria europea".​

Presión del sector primario francés

La decisión de París no responde únicamente a criterios técnicos, sino a un clima de alta tensión social interna. Las protestas de los agricultores franceses, que han vuelto a bloquear infraestructuras clave en las últimas semanas, han forzado al Gobierno a endurecer su discurso contra un tratado que califican de "obsoleto".​

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Video: @LucAuffret (X)

La principal preocupación de los productores galos, que cuentan con gran prestigio social, reside en la entrada masiva de carne, azúcar y cereales sudamericanos, producidos bajo estándares sanitarios y medioambientales que París considera inferiores a los de la Unión Europea. Macron ha reiterado que el acuerdo actual es "inaceptable" y ha exigido la inclusión de cláusulas espejo, que obligarían a los productores del Mercosur a cumplir las mismas normas que los europeos, y mecanismos de salvaguardia más estrictos. 

El veto húngaro

Al veto francés se ha unido con firmeza la Hungría de Viktor Orbán, junto a otros socios como Polonia e Irlanda, que también han expresado reticencias por el impacto en sus mercados internos. Budapest ha utilizado su posición estratégica para cuestionar la política comercial de la Comisión Europea, liderada por Ursula von der Leyen, intensificando la división en el seno del Consejo Europeo. Esta minoría de bloqueo temporal impide que la Comisión obtenga el mandato necesario para firmar formalmente el texto, a pesar de que las negociaciones técnicas se dieron por cerradas hace meses.​

Giro pragmático de Italia

En contraste con la firmeza franco-húngara, Italia ha comenzado a pivotar hacia una postura más pragmática. Aunque Roma formó parte inicialmente del grupo de países reticentes a finales de 2025, el gobierno de Giorgia Meloni ha dado muestras de una apertura estratégica en las últimas reuniones técnicas en Bruselas.​​

Este cambio se atribuye a la necesidad de la industria italiana de encontrar nuevos mercados de exportación para sus sectores automotriz, de maquinaria y vinícola, ante la creciente incertidumbre que generan las políticas arancelarias de la administración Trump. Roma parece inclinarse ahora por una vía intermedia que permita ratificar el acuerdo si se refuerzan ciertos controles, alejándose del bloque de rechazo absoluto.​​

La resolución del conflicto se trasladará ahora a los embajadores de los Veintisiete, quienes se reunirán este viernes en una sesión a puerta cerrada para determinar si existe margen de maniobra para salvar un tratado que lleva más de 25 años en el limbo diplomático.