El secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent afirmó que “la economía de Irán colapsó en diciembre”, y defendió que las sanciones ordenadas por Donald Trump “funcionaron”. Hizo estas declaraciones durante el Foro Económico Mundial en Davos, donde Bessent situó el colapso económico en el centro de la coyuntura actual en el país persa, reivindicando abiertamente la política de sanciones como una pieza central de la estrategia de Washington frente a Teherán.

El responsable del Tesoro describió una cadena de acontecimientos que, según su propio relato, se derivan de las sanciones: “Vimos quebrar un gran banco. El banco central ha empezado a imprimir dinero. Hay escasez de dólares. No pueden conseguir importaciones, y por eso la gente salió a las calles”. A continuación definió esa estrategia como “política de poder económico” y añadió: “Sin disparar un tiro. Las cosas avanzan de forma muy positiva aquí”.

Las palabras del alto funcionario, recogidas y difundidas por la prensa internacional, llegan después de las protestas masivas en Irán por el empeoramiento de las condiciones de vida y la carestía, que diversas crónicas describen como las mayores movilizaciones desde el nacimiento de la República Islámica, con uso de fuego real por parte de las fuerzas de policiales y fuertes disturbios que han dejado un elevado número de víctimas y restricciones severas de acceso a internet.

Mientras tanto, el Departamento del Tesoro ha anunciado nuevas tandas de sanciones contra responsables iraníes encargados de sofocar las protestas, en paralelo a los mensajes de Bessent sobre el éxito de la estrategia de “máxima presión”. La oficina de Asuntos de Oriente Medio del Departamento de Estado ha defendido públicamente que las sanciones “se dirigen al gobierno, no al pueblo”, desmentido por los hechos y varias investigaciones internacionales que apuntan a las poblaciones como las principales víctimas de las sanciones económicas que impone EE.UU. a varios países del mundo.