El tratado START III, conocido como Nuevo START, expira este jueves 5 de febrero y deja a los Estados Unidos de América y la Federación Rusa sin límites jurídicamente vinculantes sobre sus armas nucleares estratégicas. El acuerdo establecía topes al número de cabezas nucleares y a los sistemas de lanzamiento, además de mecanismos de verificación mediante inspecciones mutuas. Con su final, desaparece también el último marco bilateral de control nuclear entre las dos potencias que concentran alrededor del 90% del armamento atómico mundial.

Firmado en 2010 por los entonces presidentes Barack Obama y Dmitri Medvedev y en vigor desde 2011, el tratado limitaba a 1.550 las cabezas nucleares desplegadas y a 700 los misiles balísticos y bombarderos estratégicos por país. También obligaba a permitir inspecciones sobre el terreno. “Si hasta ahora había un freno y había límites, se queda ya ante la voluntad de cada uno para ver hasta dónde quiere llegar”, explica Jesús Núñez Villaverde, codirector del Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acción Humanitaria, en declaraciones recogidas por RTVE.

"Las partes ya no están sujetas a ninguna obligación"

Rusia confirmó este miércoles que, con la expiración del tratado, las partes “ya no están sujetas a ninguna obligación”, según un comunicado de su Ministerio de Exteriores Ruso. Moscú lamentó la “falta deliberada” de respuesta de Estados Unidos a su propuesta de prolongar durante un año los límites existentes de forma transitoria. El Kremlin aseguró, no obstante, que actuará “con responsabilidad y prudencia” y reiteró su disposición a futuras negociaciones, aunque advirtió de que un nuevo acuerdo sería un proceso “largo y difícil”.

China, el tercero en discordia

Desde Washington, el presidente Donald Trump ha calificado como “buena idea” la propuesta rusa de respetar “voluntariamente” los límites actuales, sin ofrecer una respuesta formal. La administración estadounidense condiciona cualquier nuevo tratado a la inclusión de China, cuyo arsenal nuclear habría crecido de unas 300 ojivas en 2020 a alrededor de 600 en 2025, según el Departamento de Estado. Pekín rechaza participar en negociaciones mientras no alcance niveles comparables a los de EE.UU. y Rusia, un bloqueo que, según los expertos, refuerza un escenario de proliferación nuclear irrestricta y de creciente carrera armamentística.