El embajador de los Estados Unidos de América ante la OTAN, Matthew Whitaker, afirmó este martes que el Estado español está haciendo “grandes progresos” en su gasto en materia militar a corto plazo, reconociéndola como un “aliado comprometido”. En una rueda de prensa previa a la reunión de ministros de Defensa de la Alianza, Whitaker se refirió al compromiso colectivo de la cumbre de La Haya de invertir un 3,5% del PIB en gasto militar y otro 1,5% en inversiones complementarias en una década, según informó la agencia EFE.

Sin embargo, este reconocimiento público encubre una discrepancia presupuestaria sustancial. El Gobierno de Pedro Sánchez indicó que "podría cumplir los objetivos de capacidades asignados por la OTAN destinando solo un 2,1% de su PIB" a gasto militar, una postura que anteriormente había recibido críticas directas del mismísimo presidente estadounidense Donald Trump. “Creemos que las capacidades a las que se han comprometido supondrán un 3,5% de gasto real en defensa (…) y España no estaba de acuerdo, (dijo que) se podía hacer por menos”, comentó Whitaker, quien añadió que “si puede hacerlo más barato, sería fantástico”, pero no ocultó su escepticismo y puso en duda la aritmética española, mostrando dudas de que se puedan cumplir las "capacidades" exigidas con solo 2,1 %.

La presión se mantiene activa en los canales diplomáticos. Whitaker reveló que se reunió el mismo martes con el embajador español ante la OTAN, Federico Torres Muro, para abordar este asunto, entre otros. “Mantenemos esas conversaciones de forma continua y regular”, señaló el representante norteamericano, confirmando que el cumplimiento del compromiso financiero sigue siendo una prioridad en la agenda "bilateral", donde los estadounidenses mandan y los españoles obedecen.

Las declaraciones del embajador Whitaker muestran la estrategia de Washington de combinar el reconocimiento público con la presión constante para alinear los presupuestos militares de los aliados con sus propios intereses estratégicos. Al señalar que “todavía hay algunos aliados que deben dar un paso adelante”, el mensaje subyacente es claro: el visto bueno a los “progresos” de las autoridades españolas es condicional y está supeditado a que Madrid acabe convergiendo con las exigencias de gasto lideradas por EE.UU.