EE.UU. traslada a Europa la factura de la guerra en Ucrania
Washington redujo su ayuda militar a Ucrania un 99% en 2025, mientras Europa aumentó sus envíos un 67%, con gran parte del dinero destinado a contratistas estadounidenses a través del programa PURL.
El objetivo que Donald Trump proclamó hace un año —que Europa asumiera el grueso de la guerra de Ucrania— se ha cumplido con creces. Según el último informe del Instituto Kiel para la Economía Mundial, la ayuda militar de Estados Unidos se desplomó un 99% en 2025, hasta apenas 400 millones de euros, mientras que la de los países europeos creció un 67% en material bélico. El resultado es que Europa ha "compensado casi totalmente el colapso del apoyo estadounidense", pero a costa de asumir en solitario el sostenimiento de un país en guerra mientras Washington se desentiende de la factura.
Lejos de una retirada desinteresada, la administración Trump ha orquestado un mecanismo que permite a la industria armamentística estadounidense seguir embolsándose millones de euros públicos europeos. Se trata del programa PURL (Lista de Requisitos Prioritarios de Ucrania), un sistema que autoriza a los aliados de la OTAN a comprar directamente armamento fabricado en EE.UU. para entregarlo a Kiev. Más de veinte donantes aportaron 3.700 millones de euros en 2025 para adquirir baterías Patriot, lanzaderas Himars y otros sistemas, con el visto bueno del mando aliado. Europa paga, Washington vende, y Ucrania recibe armamento sin que el contribuyente estadounidense haya desembolsado un dólar.
El reparto de la carga entre los países europeos es profundamente desigual. Los países nórdicos y bálticos, que apenas suman el 8% del PIB comunitario, concentran el 33% del gasto militar destinado a Ucrania. Noruega, Dinamarca y Suecia superan el 0,6% de su PIB en aportaciones, muy por encima de la media. En el extremo opuesto, el Estado español figura en el puesto veinte de la clasificación, con 817 millones de euros comprometidos el pasado noviembre —el 75% en equipos militares— durante la visita de Volodimir Zelenski a Madrid. Una cifra muy alejada de los recursos destinados desde Alemania o Reino Unido, y que evidencia tanto la subordinación de Europa a los dictados de la Alianza como que queda margen para que la OTAN y la UE exijan más recursos a Madrid para Ucrania.
Mientras los gobiernos europeos recortan servicios públicos y destinan miles de millones al rearme vía endeudamiento, la industria militar engorda sus cuentas de resultados. El gigante alemán Rheinmetall ha abierto factorías en territorio ucraniano, y el "modelo danés" de financiación —basado en que Ucrania identifica sus necesidades y Copenhague moviliza el dinero— se presenta como un "éxito". El problema es que ese éxito se mide en cañones Bohdana producidos en Kramatorsk, no en vidas salvadas ni en una salida negociada al conflicto que hunde la economía europea. Un año después del anuncio trumpista de "negociaciones de paz", la guerra continúa enquistada en el este y Europa ha aceptado pagar la factura sin rechistar. El testigo ha cambiado de manos, pero el negocio sigue siendo el mismo.