Las sanciones económicas impuestas por Estados Unidos y la Unión Europea han estado asociadas a 564.258 muertes anuales de media entre 1971 y 2021, pudiendo llegar a ser 760.677 anuales, una cifra que multiplica varias veces las 106.000 muertes anuales oficiales relacionadas con guerras en el mismo período, según un análisis publicado en The Lancet Global Health

En total, durante el periodo analizado, las sanciones han generado, de forma directa o indirecta, un mínimo de 28,2 millones de muertos, atendiendo a la cifra media. El estudio, liderado por Francisco Rodríguez y varios colaboradores, confirma que las sanciones tienen un impacto letal, ya sea este  directo o indirecto, sobre la salud general de las poblaciones sancionadas, especialmente en países de bajos y medianos ingresos.

El trabajo se basa en datos de Global Sanctions Database (GSD) y muestra que la frecuencia y duración de las sanciones han crecido de forma constante desde 1950, mientras su "tasa de éxito" para "lograr los objetivos declarados" se mantiene en torno al 30%. Todas las sanciones económicas afectan, en última instancia, a la salud: limitan el acceso a medicamentos, servicios sanitarios y bienes esenciales, deterioran la salud mental y agravan situaciones de hambre y pobreza.

El coste socioeconómico de las sanciones 'occidentales' es devastador y estructural. En los países objetivo, estas sanciones tienen la capacidad de causar una contracción media del PIB del 2,3-4,5% anual durante la vigencia de las medidas, según el GSD y estudios del Banco Mundial.

Los efectos son desproporcionados en niños, mujeres y colectivos minorizados. Un estudio previo en la misma revista vinculó las sanciones a la ayuda al desarrollo con un aumento del 3,1% en mortalidad infantil y del 6,4% en mortalidad materna entre 1990 y 2019. El informe subraya que un cuarto de los países del mundo estuvo bajo algún tipo de sanción entre 2010 y 2022, con África como región más afectada.