El gobierno alemán planea dotar a su servicio de inteligencia exterior (BND) de capacidades para realizar sabotajes, operaciones cibernéticas ofensivas y acciones encubiertas, en una reforma que eliminaría restricciones vigentes desde la posguerra. Según informa Politico, el objetivo declarado es "reducir la dependencia casi total de los servicios estadounidenses" ante el temor de que Donald Trump pueda cortar el flujo de información. El responsable de la reforma en la cancillería, Thorsten Frei, ha comparado el plan con la Zeitenwende (cambio de época) que supuso el rearme alemán tras la operación militar especial rusa en Ucrania: "Debemos poder defendernos, no solo observar", ha declarado.

El BND opera actualmente con algunas limitaciones legales impuestas. Según el discurso oficial, esto responde al objetivo de "evitar que se repitan los abusos del pasado". Sus agentes pueden recopilar información pero no "intervenir para neutralizar amenazas", y sus datos deben ser anonimizados antes de compartirse con otros servicios. Esta "debilidad" ha hecho que Alemania dependa de la inteligencia estadounidense para prevenir ataques armados: según el diario Bild, solo el 2% de las alertas sobre "amenazas terroristas" proceden del propio BND. El ministro de Exteriores, Johann Wadephul, ha admitido en una entrevista radiofónica que sin el intercambio con EE.UU. "estamos indefensos".

El detonante de la reforma fue la decisión de Washington en marzo de 2025 de suspender temporalmente el intercambio de inteligencia con Ucrania para forzar a Kiev a negociar con Rusia, un movimiento que dejó ciego al ejército ucraniano en plena guerra. El episodio demostró que la administración Trump está dispuesta a utilizar su supremacía, también en el campo de las agencias de inteligencia, como herramienta de presión sobre aliados. El presidente del comité parlamentario de control de los servicios secretos, Marc Henrichmann, ha advertido de que "si Alemania solo recibe, el riesgo es demasiado grande".

El gobierno de Merz ya ha aumentado el presupuesto del BND un 26%, hasta los 1.510 millones de euros, y planea "flexibilizar" las leyes de protección de datos para permitir el uso de inteligencia artificial y reconocimiento facial. La reforma, que el ejecutivo espera llevar a votación en otoño, eliminaría de hecho las barreras legales impuestas tras la caída del régimen nazi para impedir que el Estado alemán volviera a disponer de un aparato de espionaje con capacidad operativa. Los nuevos poderes quedarían sujetos a la declaración de una "situación especial de inteligencia" por parte del Consejo de Seguridad Nacional, con aprobación de dos tercios de la comisión parlamentaria.

"No podemos imponernos restricciones artificiales"

Henrichmann ha justificado la histórica medida con un argumento inquietante: "Quienes trabajan contra nosotros —actores estatales rusos, fábricas de ciberdesinformación— operan igual que los servicios de inteligencia nazis. En un juego sin reglas, no podemos imponernos restricciones artificiales". La historia demuestra, con especial virulencia en el caso de alemania, que cuando los Estados suprimen los límites legales a sus servicios secretos en nombre de la "seguridad", quienes acaban sufriendo las consecuencias suelen ser los movimientos sociales, los disidentes y las minorías.