Este 21 de febrero se cumplen 61 años del asesinato de Malcolm X, dirigente afroamericano y referente del movimiento de liberación negro en los Estados Unidos de América. Fue tiroteado un día de febrero como hoy en 1965, mientras intervenía en un acto público en el Audubon Ballroom de Nueva York. Tenía 39 años.

Su asesinato se produjo en un contexto de intensa agitación política en torno al movimiento por los derechos civiles y la lucha contra la segregación racial, donde las alianzas y los posibles desenlaces aún estaban abiertos. El FBI, bajo el liderazgo de J. Edgar Hoover y su programa COINTELPRO, seguía de cerca todos estos movimientos progresistas y revolucionarios, con planes detallados para exterminarlos.

Nacido como Malcolm Little en 1925 en Omaha (Nebraska) en el seno de una familia pobre, Malcolm X fue portavoz de la organización Nación del Islam durante más de una década por su excelente capacidad oratoria. Desde los altavoces que le proporcionaba esa agrupación musulmana, denunció el racismo estructural en Estados Unidos y defendió el derecho de la población negra a la autodefensa frente a la violencia supremacista, lo que le haría labrarse cada vez mayor notoriedad y algunos enemigos por su perfil radical e irreverente.

En 1964 rompió con la Nación del Islam y realizó una peregrinación a La Meca, tras la cual fundó la Organización de la Unidad Afroamericana. En ese periodo afirmó que el racismo en Estados Unidos no era solo una cuestión moral, sino un problema político y de derechos que debía ser llevado ante instancias internacionales.

A lo largo de su trayectoria, Malcolm X fue profundizando en su concepción del racismo y de la lucha antirracista, que se fue radicalizando y concretando. En sus discursos de 1964 y 1965 sostuvo que “no puedes tener capitalismo sin racismo” y vinculó la opresión de la población negra en Estados Unidos con un sistema económico y político que, a su juicio, sostenía la explotación tanto dentro como fuera de sus fronteras.

Esta visión lo llevó a entablar "amistades peligrosas" durante sus viajes por África y Oriente Medio en 1964, en una gira en la que se reunió con el presidente egipcio Gamal Abdel Nasser, uno de los principales referentes del panarabismo y del Movimiento de Países No Alineados; con el presidente ghanés Kwame Nkrumah, impulsor del panafricanismo y de un programa de orientación socialista; y con el presidente argelino Ahmed Ben Bella, dirigente del Frente de Liberación Nacional tras la independizarse de Francia. También mantuvo encuentros con el presidente tanzano Julius Nyerere, que promovía el modelo de socialismo africano conocido como 'ujamaa'. Expresó públicamente su apoyo a la Revolución Cubana y mostró interés por el proceso encabezado por Fidel Castro, con quien llegó a coincidir y a mantener una conversación amistosa en 1960, cuando el líder cubano visitó Harlem y se reunió con comunidades negras en Nueva York. También desarrolló cierta simpatía por la Revolución China y otros procesos de descolonización de inspiración socialista.

Poco a poco, Malcolm X empezó a defender abiertamente que la situación de la población afroamericana debía entenderse como parte de una lucha global contra el colonialismo y el imperialismo, y planteó llevar la denuncia del racismo estadounidense ante la Organización de Naciones Unidas como una violación de derechos humanos.

Defendió que la población negra en Estados Unidos sufría una opresión estructural específica ligada a la explotación económica y la violencia institucional fundacional del proyecto de construcción nacional estadounidense.

El 21 de febrero de 1965, tres hombres armados le dispararon durante un mitin en un barrio neoyorquino cercano a Harlem, donde fue declarado muerto poco después. En 1966, tres miembros de la Nación del Islam fueron condenados por el asesinato. Décadas más tarde, investigaciones periodísticas y documentos desclasificados cuestionaron la actuación de las autoridades en el caso, levantando sospechas sobre la implicación de los aparatos de estado en el asesinato del "Mesías Negro", como llegó a llamarle el FBI en un informe interno. En 2021, dos de los condenados fueron exonerados tras una revisión judicial que concluyó que el proceso estuvo marcado por graves irregularidades y ocultación de pruebas por parte del FBI y la policía de Nueva York.

Su figura ha sido objeto de culto y disputa política e histórica, pero su denuncia del supremacismo blanco, de la brutalidad policial y de la desigualdad estructural continúa siendo una una referencia y fuente de inspiración para organizaciones, movimientos e individuos que combaten el racismo y la discriminación en medio del auge reaccionario y fascista internacional, donde EE.UU. sigue estando a la vanguardia.