El mercado de la vivienda en el Estado español sigue agudizando los antagonismos de clase y polarizando la estratificación social: pagar una hipoteca es más barato que alquilar, pero comprar se ha convertido en un privilegio para quienes ya disponen de ahorros previos. Según los datos del Colegio de Registradores recogidos por la Cadena SER, la cuota hipotecaria media se situó a cierre de 2025 en 796 euros mensuales, mientras que el precio medio del alquiler escaló hasta los 1.184 euros, según la plataforma Helpmycash. La diferencia es de 390 euros al mes, casi 4.700 euros al año, que se ahorra quien logra acceder a un crédito. En Catalunya o Balears, la brecha se dispara hasta los 500 euros.

Esta distancia no solo no se reduce, sino que tiende a ampliarse por dos dinámicas simultáneas. Por un lado, los alquileres continúan su escalada: en enero de 2026 subieron un 5,3% interanual, según Fotocasa, y en capitales como Girona, Santander u Uviéu se han alcanzado máximos históricos

Por otro, las hipotecas empiezan a abaratarse tras la moderación de los tipos de interés. El euríbor ha dejado de presionar y las entidades ofrecen préstamos fijos por debajo del 2,70%. El resultado es simple: quien ya es propietario consolida su posición pagando menos, mientras quien vive de alquiler ve cómo su esfuerzo económico crece sin posibilidad de ahorrar.

El obstáculo principal para dar el salto a la compra es la exigencia de una entrada del 20% del precio del inmueble, más impuestos y gastos, lo que supone decenas de miles de euros. Con alquileres que absorben cada vez más porcentaje del salario, reunir esa cantidad sin ayuda familiar se ha convertido en una misión casi imposible. Pero incluso quien logra ahorrar se topa con el segundo gran filtro: las condiciones bancarias. Las entidades aplican la regla de que la cuota hipotecaria no supere el 30-35% de los ingresos mensuales, un límite que no existe en el alquiler, donde "la mano invisible del mercado" permite destinar el 40% o incluso el 50% del sueldo sin que nadie intervenga.

La paradoja alcanza su expresión más cruel cuando una familia que paga 1.200 euros de alquiler —más de lo que pagaría de hipoteca— ve denegado un crédito de 800 euros porque el banco considera que "supera el umbral de riesgo". No hay norma que impida alquilar por encima del 40% de los ingresos, pero sí la hay para hipotecarse por debajo de ese porcentaje. El sistema penaliza así a quien no dispone de ahorro previo, atrapándole en un círculo vicioso: paga más cada mes, no puede ahorrar y, por tanto, no puede comprar, y las dificultades para pagar el alquiler son cada vez mayores, porque los precios siguen subiendo y subiendo.

Mientras tanto, el número de hipotecas firmadas alcanzó en 2025 la cifra más alta en 15 años, con 501.073 operaciones, un 17,8% más que el año anterior, según el INE . El importe medio de los préstamos también creció hasta los 163.608 euros, el más elevado desde 2015. Pero este auge beneficia sobre todo a quienes ya tienen capacidad de ahorro o acceso a ayudas familiares. La vivienda, que durante décadas funcionó como mecanismo de ascenso social y estabilidad, se ha convertido en una línea divisoria y mecanismo de extracción de rentas desde abajo hacia arriba de la pirámide social, entre quienes pueden acumular patrimonio y quienes quedan atrapados en una espiral de un mercado de alquiler que no solo es más caro, sino que además les impide salir de él. La "puerta de entrada" de la vivienda se está cerrado precisamente para quienes más la necesitan, mientras se abre para quienes acaparan una tras otra para hacer negocio y aumentar su patrimonio.