La ultraderecha francesa logró este sábado su objetivo: convertir a Quentin Deranque, un militante neofascista de 23 años fallecido en una reyerta con antifascistas el pasado 12 de febrero, en un mártir. Unas 3.200 personas, según el recuento oficial de la prefectura del Ródano (3.500 según los organizadores), desfilaron durante tres horas por el séptimo distrito de Lyon, en una marcha cuidadosamente orquestada para proyectar una imagen de "duelo ciudadano" pero que dejó al descubierto, a través de saludos nazis, insultos racistas y la presencia de los líderes más radicales del sector, la verdadera naturaleza del evento.

"Lyon es antifa": una pancarta apareció colgando de una ventana en la Place Jean Jaurès antes del inicio de la marcha, cuando varios cientos de personas comenzaron a reunirse en la Place Jean Jaurès. Un residente la había puesto en su ventana, mientras emitía el estribillo de la famosa canción Porcherie de Bérurier Noir, con su famoso: "La jeunesse emmerde le Front national!" ("¡La juventud jode al Frente Nacional!").

Foto: REUTERS/Nicolas Economou

La marcha comenzó con cientos de agentes y drones de vigilancia, autorizada por el Ministerio del Interior a pesar de la petición expresa del alcalde ecologista de Lyon, Grégory Doucet, que la consideraba un foco de disturbios. La prefecta, Fabienne Buccio, justificó la autorización para "evitar una manifestación salvaje", excusándose en que "se señalizarían ante la justicia todos los actos delictivos".

La jornada no defraudó en ese aspecto: decenas de vídeos difundidos posteriormente en redes sociales muestran a participantes realizando el saludo hitleriano, mientras se escuchan cánticos como "¡Blanco, despierta!" o "¡Abajo los moros y los maricas!". Imágenes difundidas en redes sociales han mostrado cómo algunos fascistas insultaban a lioneses al paso de la manifestación con insultos como "moro asqueroso" y "raza sucia", hasta que un miembro del servicio de orden de los organizadores les advierte: "¡Eh chicos, hay una cámara!".

La organización corrió a cargo de figuras conocidas de la escena ultraderechista francesa. Aliette Espieux, portavoz de la "Marcha por la Vida" y esposa del neonazi Eliot Bertin —encarcelado por liderar en 2023 el asalto fascista a una conferencia sobre Palestina que dejó seis heridos—, y Domitille Casarotto, junto al colectivo femenino fascista Nemesis, dirigido por Alice Cordier, fueron las encargadas de dar las consignas. "No respondáis a las provocaciones", arengaba Espieux, advirtiendo de que las cámaras de seguridad y los drones lo vigilaban todo. Pero el llamamiento a la "moderación" chocó con la composición del cortejo, donde desfilaron a sus anchas líderes neofascistas de primer orden: el veterano nacionalista Yvan Benedetti (Œuvre Française), el neonazi Marc de Cacqueray-Valménier (fundador de los disueltos Zouaves Paris), Alexandre Gabriac (condenado por apología de crímenes de guerra) y militantes de grupos fascistas como Audace Lyon o la Cocarde Étudiante, todos ellos con sus rostros bien visibles. La presencia de fascistas europeos, principalmente austriacos, suizos e italianos, confirmó la dimensión continental del evento, según Le Monde.

Mientras la cúpula del Reagrupamiento Nacional (RN) se distanciaba formalmente —Jordan Bardella afirmó no tener "ningún vínculo" con los organizadores neonazis y prometió "disolver milicias de ultraizquierda y ultraderecha" si llega al gobierno—, la derecha clásica mostró sus ambigüedades. El senador Les Républicains (LR) Étienne Blanc participó en la marcha a título personal, declarando a Le Monde que "no tendría cobardía para quedarse en casa". Más explícita fue la región de Auvernia-Ródano-Alpes, presidida por Laurent Wauquiez (LR), que colgó un retrato gigante de Deranque en la fachada de su sede, sobre un local llamado "La Commune", un guiño de pésimo gusto que no pasó desapercibido en redes. El candidato conservador a la alcaldía, Jean-Michel Aulas, que inicialmente dudó, acabó declinando la invitación, mientras su correligionaria Véronique Sarselli agradecía a la prefecta por un evento "sin incidentes".

Algunos fascistas salen corriendo, perseguidos por jóvenes de barrios populares

La sombra de la historia planeó sobre la movilización fascista. Varios dirigentes de izquierda, entre ellos el diputado del PCF Stéphane Peu y Thomas Portes de la Francia Insumisa, recordaron que el 21 de febrero es el aniversario de la ejecución del héroe comunista franco-armenio de la resistencia, Missak Manouchian, y los miembros de sus células antifascistas, fusilados por los nazis en 1944. Manouchian está reconocido como héroe "nacional" incluso por las propias autoridades francesas, lo que da cuenta de la dimensión simbólica de la afrenta fascista.

Al final del recorrido, en la rue Victor Lagrange, donde Deranque fue derribado, algunos de los fascistas asistentes más exaltados, desbordando el cordón de seguridad, fueron perseguidos y dispersados por jóvenes de barrios periféricos, en un epílogo que desmontó por igual la imagen de "calma" y "fuerza" que los organizadores pretendían vender, añadiéndole incluso un toque humillante para los fascistas.

Sin embargo, la jornada dejó una evidencia política a tener en cuenta: el fascismo francés ha logrado unificar a sus distintas familias en torno a un "mártir", lo ha hecho con la autorización del Estado y con la mayoría de la clase política bailando a su ritmo y comprando sus marcos discursivos. Mientras las instituciones se limitan a "condenar" tímidamente los saludos nazis, sus representantes políticos compartían pancarta con quienes hacían esos saludos.

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