Alternativa para Alemania (AfD) ha convocado su próximo congreso federal los días 4 y 5 de julio en Erfurt, capital del estado de Turingia, una fecha que coincide con el centenario del histórico mitin que el Partido Nazi celebró en Weimar entre el 3 y el 4 de julio de 1926, según ha publicado elDiario.es. En aquel encuentro, aún lejos del poder, Hitler sentó las bases del movimiento nazi: allí las Juventudes Hitlerianas recibieron su nombre y se presentaron por primera vez rituales como el saludo hitleriano.

Turingia fue además uno de los primeros estados en levantar las sanciones al Partido Nazi tras el fallido golpe de las cervecerías de Múnich de 1923, convirtiéndose en un refugio seguro y laboratorio para sus ideas. El partido fascista actual, que según las encuestas roza el 38% de intención de voto en Turingia y aspira a gobernar por primera vez un estado alemán, ha optado por mantener una ambigüedad estratégica: ni rechaza ni abraza explícitamente ese legado, pero provoca con la elección de la fecha.

El portavoz de AfD en Turingia, Stefan Möller, aseguró en un comunicado que "los que establecen peligrosas comparaciones entre el congreso de AfD en Erfurt y un congreso del Partido Nazi en Weimar de hace 100 años solo están interesados en una instrumentalización forzada de la historia". En su declaración no hubo ninguna expresión de indignación ni intento de distanciarse de la comparación con Hitler, lo que evidencia una estrategia deliberada para evocar el pasado sin asumir responsabilidades.

"¿Tan estúpidos nos creen?"

La indignación no se hizo esperar: Serap Güler, diputada de la derechista CDU y secretaria de Estado en el Ministerio de Asuntos Exteriores, declaró que "me da asco la indecencia de ese partido y el poco respeto que demuestra por nuestra historia; por Dios, ¿tan estúpidos nos creen?". La política alemana subrayó que "la AfD sabe exactamente lo que está haciendo" y que la elección de la fecha es "una muestra más a imagen y semejanza de quién se ha creado la AfD".

El historiador Jörg Ganzenmüller, director de los Estudios sobre Totalitarismo en el Instituto Hannah Arendt de la Universidad Tecnológica de Dresde, explicó al medio que la decisión del partido es "un acto simbólico deliberado que funciona a varios niveles". Según el experto, la ambigüedad de AfD les permite mantener "una fachada de respetabilidad burguesa" mientras dejan implícito su extremismo para seguir siendo "abiertos a otros votantes". Además, les permite presentar a sus rivales políticos como "escandalizados". Este doble juego, lejos de frenar su auge, les ha permitido combinar la provocación con la "negación plausible". El líder de AfD en Turingia, Björn Höcke, ha sido multado en dos ocasiones por usar el lema nazi "Todo para Alemania" en mítines, y sus seguidores han adaptado el eslogan para recibir a la líder federal Alice Weidel con un "Alice para Alemania".

"Los partidos radicales son síntomas de problemas sociales, económicos y políticos, no sus causas"

El apoyo a AfD se concentra en zonas con profundos problemas estructurales, como la abandonada, empobrecida y desmantelada Alemania Oriental o las regiones en proceso de desindustrialización del valle del Ruhr. Según el análisis de la historiadora Katja Hoyer en elDiario.es, el electorado del partido se divide entre una línea dura de nazis a los que no les importa que les comparen con los nazis y un grupo más amplio de votantes frustrados con los partidos mayoritarios y la situación económica y social. La autora advierte de las tendencias subyacentes, afirmando que "no hay pruebas de que las comparaciones históricas reiteradas funcionen" y que "los partidos radicales son síntomas de problemas sociales, económicos y políticos, no sus causas".

Mientras AfD empata en las encuestas con la CDU del canciller Friedrich Merz en medio de un proceso de desindustrialización de Alemania, los nazis lograron su primer avance en Turingia en 1930, tres años antes de que Hitler llegara a canciller, una lección histórica que, según los expertos, debería invitar a analizar las causas del descontento más que a limitarse a condenar sus síntomas.