La Unión Europea y los principales gobiernos del bloque han reaccionado a la agresión conjunta de los Estados Unidos de América y el Estado de Israel contra la República Islámica de Irán, con un mensaje que evita cualquier condena a los atacantes y se centra en advertir a Teherán. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen, y el presidente del Consejo Europeo, António Costa, emitieron un comunicado conjunto en el que califican a Irán de "régimen asesino", recuerdan que la UE ha incluido a la Guardia Revolucionaria en su lista de "grupos terroristas" y piden "a todas las partes" ejercer la "máxima moderación" y "proteger a los civiles", sin mencionar en ningún momento la responsabilidad de quienes iniciaron los bombardeos. "Los acontecimientos en Irán son muy preocupantes", señalan los dirigentes europeos en un mensaje en X.

Alemania, Francia y Reino Unido, los tres países europeos firmantes del acuerdo nuclear de 2015, publicaron un comunicado conjunto en el que aseguran no haber participado en los ataques pero se apresuran a condenar "los ataques iraníes contra países de la región" y exigen a Teherán que "se abstenga de llevar a cabo ataques militares indiscriminados". El canciller alemán, Friedrich Merz, añadió por su parte que las autoridades de Teherán "ha suprimido de forma brutal las protestas pacíficas de valientes iraníes". El primer ministro británico, Keir Starmer, confirmó en un discurso televisado que aviones británicos se encuentran "en los cielos como parte de una operación regional defensiva coordinada" y que el Reino Unido ha reforzado sus capacidades militares en la zona, sin aclarar si participan directamente en las operaciones.

Mientras las potencias imperialistas europeas guardan silencio sobre la masacre de más de 200 civiles iraníes cometida por su amo estadounidense e Israel, incluidas más de un centenar de niñas en una escuela de Minab y 20 jugadoras de voleibol en un polideportivo de Lamerd.

Canadá y Australia respaldaron sin ambages la ofensiva imperialista. El primer ministro canadiense, Mark Carney, acusó a Teherán de ser "una de las principales fuentes de inestabilidad y terror en la región" y apoyó sin fisuras "la acción de Estados Unidos actuando para evitar que Irán obtenga armas nucleares", contradiciendo su aparente "distanciamiento" con EE.UU. por las declaraciones de Donald Trump.

Mientras tanto, la UE ha retirado a su "personal no esencial" de la región y mantiene en alerta máxima su misión naval Aspides en el mar Rojo, y Chipre ha activado su plan de emergencias para la evacuación de ciudadanos europeos. La respuesta diplomática europea, centrada en demonizar al país agredido y silenciar los crímenes del agresor, contrasta con las revelaciones del mediador omaní, Badr al Busaidi, que horas antes de los bombardeos aseguraba que Irán había llegado a aceptar concesiones sin precedentes para alcanzar un "acuerdo de paz". La guerra imperialista directa vuelve a Irán después de intentos de desestabilización infructuosos, mientras las autoridades europeas, lejos de alzar la voz contra la masacre, prefiere mirar hacia otro lado y seguir comerciando con armamento estadounidense e israelí.