8M: la chispa que encendió la Revolución Rusa
Las obreras textiles de Petrogrado iniciaron el 8 de marzo de 1917 la huelga que derrocó al zar, dando origen al Día Internacional de la Mujer Trabajadora que las instituciones celebran hoy despojado de su raíz de clase.
Las trabajadoras de las fábricas textiles de Petrogrado (Imperio Ruso) convocaron el 23 de febrero de 1917, equivalente al 8 de marzo en el calendario gregoriano, una huelga masiva contra el hambre, la guerra y el régimen zarista, desencadenando lo que hoy se conoce como la Revolución de Febrero. Más de 90.000 obreras abandonaron los telares de la fábrica Putilov y otras plantas industriales, exigiendo "¡Pan!" y "¡Abajo el autócrata!", según documentan los testimonios de la época recogidos en crónicas del Soviet de Petrogrado y de Leon Trotsky. Aquel día, las manifestaciones de las mujeres se erigieron como vanguardia de la Revolución por la capital rusa, sumando a soldados desertores y paralizando la producción en medio de la Primera Guerra Mundial, donde las familias obreras enfrentaban racionamientos extremos, el hambre y la muerte de sus hijos en el frente, mientras los generales prolongaban el conflicto imperialista.
Cuando las masas obreras femeninas se echaron a las calles en un duelo a muerte, los guardias cosacos cargaron sable en mano contra las manifestantes en la avenida Nevski, pero las trabajadoras no retrocedieron: les lanzaron piedras y les gritaron "¡Hermanos, no disparéis a vuestras mujeres!", logrando que varios regimientos se negaran a reprimirlas y se sumaran al motín contra la autocracia. La jornada escaló cuando destacamentos de policía zarista dispararon contra grupos de obreras que intentaban cruzar los puentes hacia el centro. En estos enfrentamientos, las obreras textiles, armadas con mobiliario urbano arrancado, atacaron a los agentes, según testimonios recogidos en los Izvestia del Soviet de Petrogrado. Otras obreras, lideradas por las metalúrgicas de Vyborg, irrumpieron en comisarías menores exigiendo la liberación de los presos políticos y prendiendo fuego a archivos policiales, enfrentándose cuerpo a cuerpo a gendarmes que las atacaron con sables. Una frase atribuida a Pavel Miliukov, ministro del Gobierno Provisional, reconocía que "fueron precisamente las mujeres quienes desarmaron a los cosacos", forzando deserciones masivas en la guarnición.
La chispa que incendió la pradera
La acción de las trabajadoras textiles no venía de la nada: Clara Zetkin, integrante del ala izquierda del Partido Socialdemócrata de alemania, había impulsado desde 1910 el 8 de marzo como Día Internacional de la Mujer en la II Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas, vinculándolo explícitamente a la lucha proletaria contra la explotación capitalista y la guerra, convirtiéndolo en otro trampolín para la Revolución Socialista. Las obreras rusas, organizadas en círculos clandestinos bolcheviques y mencheviques pese a la represión zarista, escucharon la llamada para iniciar huelgas que el 25 de febrero ya sumaban 240.000 participantes, según el informe del Soviet de Obreros y Soldados de Petrogrado. Nicolás II ordenó reprimir las protestas a sangre y fuego, el motín de las mujeres obreras y los regimientos de la guarnición, con parapetos formados pro barricadas improvisadas de carros volcados, terminaron por forzar la abdicación del tirano y sellar el fin de la monarquía.
Las mujeres en el corazón del poder soviético
Tras la posterior Revolución de Octubre, varias trabajadoras y líderes sindicales que iniciaron el proceso el 8M ocuparon posiciones estratégicas en el aparato del primer estado obrero de la historia: Alexandra Kollontai, primera comisaria soviética, impulsó el divorcio libre, el aborto legal y la socialización del cuidado infantil, con decretos que el Gobierno bolchevique aprobó en 1918 para liberar a las mujeres de la doble jornada doméstica. Las propias obreras de Petrogrado, como las textileras de Vyborg, formaron los primeros comités de fábrica que colectivizaron la producción y eligieron a delegadas al Soviet, donde exigieron salarios igualitarios y fin de la discriminación salarial que los grandes industriales mantenían para maximizar beneficios y sembrar la división entre mujeres y hombres del proletariado. El Partido Bolchevique reconoció oficialmente el 8 de marzo como día de lucha obrera internacional en 1921, de acuerdo con la resolución del Komintern.
De la lucha de clases a festividad institucional y el marketing
Casi 110 años más tarde, las instituciones y los partidos políticos reformistas actuales celebran el 8M como conmemoración genérica del "Día de la Mujer", pero sus raíces históricas y políticas están en una auténtica revuelta proletaria internacional, donde las obreras rusas lideraron un levantamiento contra el zarismo y el capital, un origen que los gobiernos prefieren diluir y ocultar para evitar cuestionar las estructuras de explotación y opresión que persisten. Porque las trabajadoras de 1917 no pedían flores ni pausas publicitarias: paralizaron fábricas para derribar tronos, parar la guerra imperialista, terminar con el hambre y abrir paso al poder de los soviets, el poder obrero independiente organizado frente al Estado capitalista, demostrando que la emancipación femenina solo avanza cuando las mujeres toman el poder contra quienes controlan la producción y se benefician de la opresión específica que sufre la mitad del proletariado.
La actualidad de la revolución
La historia enseña que los grandes saltos en la emancipación femenina —desde el derribo de tronos hasta decretos que liberaron a las mujeres de la esclavitud doméstica— siempre han impulsado el bienestar y la libertad de toda la humanidad. Hoy, cuando el capitalismo multiplica las contradicciones de la opresión machista en múltiples frentes, urge que las mujeres proletarias recuperen la primera línea revolucionaria y vuelvan a tomar el cielo por asalto.