El senador republicano Lindsey Graham, aliado del presidente Donald Trump en política exterior, ha instado al mandatario a retirar las bases militares estadounidenses de Morón de la Frontera (Sevilla) y Rota (Cádiz) después de que el Gobierno español rechazara aparentemente participar de forma directa en la ofensiva lanzada por Washington e Israel contra Irán el pasado 28 de febrero. Así lo declaró durante una entrevista en la cadena Fox News, donde aseguró que un aliado "debe permitir el uso de su suelo en momentos de crisis". "Esta noche insto al presidente Trump a trasladar todas nuestras bases fuera de España", afirmó el legislador, que llegó a sentenciar: "Habéis perdido el rumbo. Ya no quiero hacer negocios con ustedes".

Las declaraciones de Graham se producen después de que el Ejecutivo español argumentara que el acuerdo bilateral que regula la cooperación militar "no contempla el uso de las bases de Morón y Rota para la ofensiva contra Irán". El senador defendió el bombardeo asegurando que la República Islámica representa "una amenaza directa" a sus intereses y que estaba "a pocas semanas" de conseguir armas nucleares, una afirmación que contrasta con las reiteradas declaraciones de las autoridades iraníes, que defienden la naturaleza civil de su programa, y con los informes del Organismo Internacional para la Energía Atómica (OIEA), que señala no tener pruebas concluyentes de un desarrollo armamentístico. Graham también reprochó "la falta de apoyo de otros aliados tradicionales como Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos", aunque elogió los cambios en el país saudí bajo el liderazgo del príncipe heredero Mohamed bin Salmán.

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Falso veto

Sin embargo, mientras el senador republicano exige la retirada de las instalaciones por la "negativa" española, los datos públicos de la plataforma de seguimiento aéreo Flightradar24 han documentado una intensa actividad militar estadounidense en ambas bases andaluzas que contradice ese veto formal. Entre el 27 de febrero y el 5 de marzo, rastreadores ciudadanos, aficionados a la aviación y vecinos de las zonas han contabilizado al menos 40 movimientos aéreos vinculados a la ofensiva, incluyendo 24 aviones de combate y de apoyo logístico como los C-17 Globemaster, C-130 Hércules y los aviones cisterna KC-135 Stratotanker, estos últimos imprescindibles para el reabastecimiento en vuelo de los cazas que bombardean territorio iraní. Ocho de estos cisternas despegaron el 28 de febrero hacia Alemania, el mismo día en que comenzaban los bombardeos sobre Teherán, según ha confirmado posteriormente un informe del diario El Mundo.

La maniobra estadounidense para sortear la "negativa española", según explica una fuente del Ejército del Aire citada por El Mundo, consiste en utilizar las bases andaluzas como escala hacia otros países europeos que sí han autorizado el uso de sus instalaciones para los ataques directos, principalmente Italia, Alemania y Portugal. "Así cumplen un doble objetivo: tratar de llegar antes a la zona, y no tener que dar explicaciones a España, pues en la práctica sólo comunican un plan de vuelo entre bases europeas", señala la fuente. De esta forma, Washington respeta la letra del convenio bilateral pero mantiene al Estado español como un nodo logístico imprescindible para la guerra, con aviones que despegan de Rota y Morón con destino a las bases italianas de Aviano y Sigonella o a las alemanas de Ramstein y Spangdahlem, donde realizan escalas técnicas antes de continuar hacia Oriente Medio, algunos de ellos incluso apagando sus transpondedores para ocultar su rastro.

A estos movimientos aéreos se suman los dos destructores estadounidenses con base en Rota, que fueron preposicionados cerca de Irán antes del ataque, y los 3.000 soldados desplegados en la base gaditana que continúan sus operaciones, en general. Mientras a Pedro Sánchez le crecen las contradicciones por fingir que no colabora con Washington, el senador Graham no tolera ni el más mínimo gesto de desobediencia y amenaza con retirar las bases aunque los datos demuestran que el Estado español sigue colaborando como lanzadera logística en la ofensiva contra Irán, organizaciones pacifistas y colectivos vecinales de las zonas afectadas señalan la contradicción entre la narrativa oficial de "neutralidad activa" que emite La Moncloa y la continuidad real de la actividad militar en territorio español. El Ejecutivo español, que proclama su "no a la guerra" y su "compromiso con la paz", mantiene así el sur del Estado como plataforma de la maquinaria bélica de Washington contra los pueblos de Oriente Medio.