Caitlin Kalinowski, jefa de hardware y robótica en OpenAI desde noviembre de 2024 tras liderar gafas de realidad aumentada en Meta, dimitió por "principios" ante el pacto con el Departamento de Defensa de Estados Unidos. “La vigilancia de estadounidenses sin supervisión judicial y la autonomía letal sin autorización humana son líneas que merecían más deliberación de la que recibieron; esto trata de principios, no de personas, y guardo profundo respeto por Sam y el equipo”, escribió en X, mostrándose "orgullosa" del trabajo en robótica con laboratorio en San Francisco y planes en Richmond.

OpenAI firmó el acuerdo tras romper negociaciones con Anthropic, que exigía límites contra vigilancia doméstica masiva y armas autónomas; el Pentágono etiquetó a esta última como "riesgo en la cadena de suministro", mientras Microsoft, Google y Amazon mantienen sus modelos para clientes no militares. Sam Altman admitió que el anuncio pareció “oportunista”, y la empresa jura “líneas rojas: no vigilancia doméstica ni armas autónomas”, prometiendo "diálogo con empleados y sociedad". Sin embargo, Kalinowski critica la medida: “El anuncio se precipitó sin definir salvaguardas; estos temas son demasiado críticos para acuerdos apresurados”.

Su salida frena las ambiciones robóticas de OpenAI, que entrena brazos para tareas domésticas con 100 recolectores de datos y explora hardware pese a no ser su núcleo de negocio. Gigantes tecnológicos compiten por contratos militares en una carrera armamentística de IA donde el Pentágono parece no tener ninguna consideración ética, dejando atrás discursos sobre derechos civiles y humanos. Kalinowski, aunque reconoce que la IA debe jugar un papel en lo que ellos denominan como "seguridad nacional", rechaza que esto se haga sin ningún control ni freno judicial.