Trump amenaza con "un futuro muy malo" para la OTAN si sus aliados no intervienen en Ormuz
Exige a Reino Unido, Francia, Alemania, Japón, Australia y Corea del Sur que envíen buques para reabrir el estrecho, pero la UE y los miembros de la Alianza se niegan a participar directamente en la operación.
El presidente de los Estados Unidos de América, Donald Trump, ha lanzado un ultimátum a sus aliados de la OTAN y a otros países dependientes del petróleo del Golfo para que intervengan directamente en reabrir el estrecho de Ormuz, bloqueado por Irán para el bloque occidental y sus alidaos del Golfo desde el inicio de la ofensiva estadounidense-israelí el 28 de febrero.
En una entrevista con el Financial Times, Trump advirtió de que la Alianza Atlántica se enfrenta a "un futuro muy malo" si los países miembros no responden a su llamamiento para enviar buques de guerra a la zona. "Es apropiado que las personas que son beneficiarias del estrecho ayuden a asegurarse de que no sucede nada malo allí", afirmó, mencionando explícitamente a China, Francia, Japón, Corea del Sur y Reino Unido como países que deberían implicarse. "Si no hay respuesta o si es una respuesta negativa, creo que será muy malo para el futuro de la OTAN", remachó en su red Truth Social.
"No es la guerra de la OTAN"
La alta representante de la UE para Asuntos Exteriores, Kaja Kallas, zanjó este lunes que el estrecho de Ormuz está "fuera del ámbito de actuación de la OTAN" y que el club comunitario explora ahora "opciones con Naciones Unidas", pero no militares. Alemania ha sido aún más tajante: Stefan Kornelius, portavoz del canciller Friedrich Merz, declaró que "esta guerra no tiene nada que ver con la OTAN. No es la guerra de la OTAN". Recordó que Washington y Tel Aviv no consultaron a sus aliados antes de iniciar los bombardeos y que "Estados Unidos afirmó explícitamente al comienzo de la guerra que la asistencia europea no era necesaria ni deseada". El giro de Merz, que hace dos semanas aplaudía en el Despacho Oval los objetivos bélicos del inquilino de la Casa Blanca, evidencia el creciente malestar europeo ante un conflicto que dispara los precios de la energía y amenaza con desestabilizar su maltrecha economía.
El primer ministro británico, Keir Starmer, admitió que reabrir Ormuz "no es una tarea simple" y llamó a diseñar un plan "viable" y "colectivo", pero sin comprometer el envío de buques. Japón y Australia ya han descartado cualquier despliegue militar. La primera ministra japonesa, Sanae Takaichi, rechazó este lunes que existan planes de enviar buques, mientras el gobierno australiano se sumó al rechazo. El Gobierno español, esta vez a través de la ministra de Defensa, Margarita Robles, insistió en que "no se plantea ninguna misión en Ormuz" y reclamó "el fin de una guerra ilegal". El ministro de Exteriores, José Manuel Albares, consideró innecesaria una misión comunitaria y abogó por la "desescalada", apuntando que "un remedio puramente militar nunca es realmente una solución".
Mientras los aliados de EE.UU. le dan la espalda, las petroleras estadounidenses se embolsan 63.000 millones de dólares extra gracias al encarecimiento coyuntural del crudo, según detalla Rystad Energy. Trump insinuó que podría retrasar su importante visita a China, prevista para finales de mes, si Pekín no interviene para desbloquear el estrecho, aunque el gobierno chino evitó pronunciarse sobre un posible despliegue naval y se limita a abogar por la desescalada.
En su pulso con los aliados, Trump recurrió a la ayuda prestada en Ucrania: "No tuvimos que ayudarles con Ucrania. Ucrania está a miles de kilómetros de nosotros... Pero les ayudamos. Ahora veremos si nos ayudan". La respuesta, por ahora, es un no rotundo de Alemania, el silencio de Francia y una huida hacia adelante de unos aliados que prefieren negociar por su lado con Irán antes que embarcarse directamente en una guerra de dudosas perspectivas.