Una investigación del periódico danés DR, publicada este jueves y corroborada por el Financial Times, ha asegurado que Dinamarca y varios países europeos se prepararon el pasado mes de enero para un posible ataque militar de Estados Unidos contra Groenlandia. Basándose en una docena de fuentes anónimas de alto nivel del Gobierno y las Fuerzas Armadas danesas, así como de altos cargos franceses y alemanes, la investigación revela que la operación, presentada públicamente como un "ejercicio rutinario" bajo el nombre de Arctic Endurance, era en realidad un plan militar en la isla ante las amenazas del presidente Donald Trump.

El punto de inflexión, según las fuentes, fue el ataque estadounidense contra Venezuela el 3 de enero, que convirtió en creíble la posibilidad de que Trump llevara a cabo sus reiteradas amenazas sobre Groenlandia. "La administración estadounidense no funciona como de costumbre", explica una fuente. "Trump ya no está rodeado de las mismas personas que antes, capaces de disuadirlo. Es extremadamente peligroso".

Ante esta perspectiva, activaron un dispositivo militar de urgencia basado en tres pilares. Por un lado, una unidad de intervención de élite compuesta por soldados daneses, franceses, alemanes, noruegos y suecos fue enviada a Nuuk y Kangerlussuaq, las principales puertas de entrada a Groenlandia. Su misión consistía en mantenerse preparados para destruir de forma preventiva las pistas de aterrizaje para impedir cualquier desembarco de tropas estadounidenses. Para ello, habrían transportado explosivos y bolsas de sangre procedentes de los bancos daneses para atender posibles heridos. En segundo lugar, se les unieron soldados del regimiento de dragones de Holstebro, fuerzas de élite del Jægerkorps y cazadores alpinos franceses, entrenados para combatir en regiones frías. Francia, según la investigación, se mostró especialmente rápida, prometiendo "varios cientos de soldados", apoyo naval y aéreo a la primera petición danesa. Alemania, Noruega y Suecia también contribuyeron. En tercer lugar, enviaron F-35 daneses y un buque de guerra francés al Atlántico Norte.

La estrategia no buscaba derrotar militarmente a Estados Unidos, algo considerado imposible, sino aumentar el costo político de un ataque directo contra soldados europeos de varias nacionalidades. Como explica una fuente a DR: "En los ejercicios militares rutinarios no se transporta sangre ni explosivos. Esto forma parte del procedimiento de preparación para un posible ataque". La movilización europea tuvo eco en la opinión pública y en sectores políticos estadounidenses. Según cálculos del Grand Continent, al menos 13 de los 53 senadores republicanos declararon oponerse a una toma por la fuerza de Groenlandia, y una encuesta de YouGov del 7 de enero mostraba que el 73% de los estadounidenses rechazaba esa opción, incluido el 60% de los votantes republicanos y el 85% de los que apoyaron a Trump. No fue hasta el 21 de enero, durante su intervención en el Foro de Davos, cuando Trump descartó finalmente el uso de la fuerza, aunque mantuvo que Estados Unidos "necesita" Groenlandia.

La amenaza, sin embargo, no ha desaparecido del todo. Fuentes de alto nivel en Dinamarca, Francia y en instituciones europeas han confiado a El Grand Continent que podría reactivarse en cualquier momento. Las actividades militares danesas y europeas en Groenlandia continuarán a partir de ahora bajo el paraguas de la OTAN. Dinamarca, por su parte, asegura que ya ha iniciado una cooperación nuclear estratégica con Francia y otros siete países europeos, acelerada por la crisis.

La investigación revela la profunda desconfianza que las políticas unilaterales y belicistas de la administración Trump han generado entre sus propios aliados, llevándoles a prepararse para lo impensable: un conflicto armado entre potencias de la OTAN por un territorio estratégico en el Ártico. La primera ministra danesa, Mette Frederiksen, ha declarado al FT que el país atravesó "la peor situación de política exterior desde la Segunda Guerra Mundial".