Washington ha invertido 3,4 billones de dólares en su competencia militarizada con China entre 2012 y 2024. Esta cifra, que equivale a un promedio anual de 260.000 millones de dólares, supera el coste total de la guerra de 20 años en Afganistán (2,3 billones) y representa aproximadamente el 30% del gasto militar total estadounidense durante ese periodo. Además, duplica la cantidad destinada a educación en el mismo intervalo. Así lo revela el primer cálculo exhaustivo realizado hasta la fecha por el proyecto Costs of War de la Watson School for International and Public Affairs de la Universidad de Brown, publicado este mes.

El informe principal, titulado The Costs of Militarized Rivalry with China: A First Estimate, fue elaborado por Jennifer Kavanagh, directora de análisis militar en el think tank Defense Priorities. Según Kavanagh, se trata de la primera estimación detallada de los recursos asignados exclusivamente a la rivalidad militar con Pekín, desde el anuncio del "pivot to asia" de Barack Obama en 2011. El análisis se basa en presupuestos públicos del Departamento de Defensa, agencias de inteligencia, Departamento de Seguridad Nacional, Departamento de Energía y Departamento de Estado. El estudio forma parte del proyecto Costs of War, que desde 2010 investiga los impactos sociales, económicos y políticos de las actividades militares estadounidenses. El Departamento de Defensa declinó comentar los datos a The Brown Daily Herald, el periódico universitario que difundió el informe.

¿A qué precio?

Más allá del impacto financiero, el documento calcula los costes de oportunidad de este gasto. Con esos 3,4 billones se podría haber reconstruido completamente el sistema de control aéreo, modernizado infraestructuras críticas y financiado 85 años de universidad pública gratuita para todos los estudiantes estadounidenses. Kavanagh recuerda que una década de educación superior gratuita costaría unos 400.000 millones de dólares; por tanto, el gasto en rivalidad militar con China habría permitido cubrir ese programa durante casi un siglo.

Paralelamente, un segundo informe del mismo proyecto, elaborado por Suisheng Zhao, profesor y director del Center for China-U.S. Cooperation de la Universidad de Denver, analiza los costes humanos y sociales. Zhao concluye que la rivalidad militarizada ha impulsado un aumento del racismo antiasiático, especialmente contra los sino-americanos, manifestado en crímenes de odio, persecuciones y exclusiones legales (como prohibiciones de compra de propiedades en algunos estados). "Es muy conveniente tener un enemigo", afirma Lyle Goldstein, director del China Initiative en la Watson School.

El informe de Kavanagh subraya que la cifra de 3,4 billones probablemente sea una subestimación, dado que excluye gastos económicos o tecnológicos y utiliza metodologías conservadoras. Aun así, representa el 5% del gasto federal total y el 14% del gasto discrecional entre 2012 y 2024.

Fuga de científicos y profesionales

Zhao documenta cómo esta atmósfera hostil está causando una fuga de científicos chino. Según un estudio de 2021 citado en el informe, la fuerza de trabajo STEM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas) nacida en el extranjero aportó entre 367.000 y 409.000 millones de dólares "al valor añadido laboral" de EE.UU. en 2019 (entre el 1,7% y el 1,9% del PIB). En inteligencia artificial, el 80% de los científicos e ingenieros de élite son de origen chino. Goldstein califica el trabajo de Zhao como "a prueba de balas" y "extremadamente bien documentado".