El Gobierno cubano calcula que el bloqueo de Estados Unidos generó daños de 7.556 millones de dólares entre marzo de 2024 y febrero de 2025, un 50% más que el período anterior, según el informe presentado por el canciller Bruno Rodríguez Parrilla. Acumulados en más de seis décadas, superan los 2,1 billones de dólares, con afectaciones diarias de 13,8 millones de dólares y 575.683 dólares por hora. El ministro de Relaciones Exteriores de Cuba afirma que "de no existir el bloqueo, se estima que el PIB de Cuba pudo haber crecido alrededor de un 8% en 2023".

Estas cifras equivalen a privaciones concretas para el pueblo cubano: 25 días de bloqueo cubren el cuadro básico de medicamentos anual (339 millones de dólares); 21 horas, la insulina para diabéticos (12 millones); 4 meses, la canasta familiar gubernamental (1.600 millones); y 9 días, material médico consumible como jeringuillas y gasas (129 millones). En las últimas semanas el bloqueo impide, sobre todo, importar combustible, repuestos y equipos con más del 10% de componentes estadounidenses, como en la central de Cienfuegos. Esto encarece envíos desde otros países al disuadir a empresas por su alcance extraterritorial.

Capacidad productiva española insuficiente

En el Estado español se producen alimentos para 50 millones de habitantes, pero esto depende en cierta medida de importaciones complementarias para cereales, soja y aceites; la industria farmacéutica genera 30.000 millones de euros anuales, aunque importa el 15% de medicamentos y componentes clave de EE.UU. En cuanto a la energía: genera un 50% de fuentes "renovables" y nucleares, pero aún así necesita importar el 97% petróleo y 36% de Gas Natural Licuado de EE.UU., con refinerías de Repsol y Cepsa altamente expuestas por tecnología y filiales americanas. El PIB español (1,68 billones euros) es 60 veces mayor que el de Cuba (28.000 millones), la industria representa un 20% de su PIB frente al 10% de Cuba, y cuenta con una población aproximada de unos 47 millones de habitantes, frente a los 10-11 millones que tiene Cuba.

Aun con esta capacidad superior, un bloqueo con las mismas características del que sufre Cuba sería simple y llanamente catastrófico para la economía española: la disrupción de cadenas de suministro elevaría los costes entre un 20-30% por desvíos, como suben en Cuba los fletes por extraterritorialidad; percibiría parálisis industrial por falta de chips y maquinaria (EE.UU. domina el 50% del mercado de semiconductores); y experimentaría una recesión del 8-11% del PIB inicial.

Mayor dependencia española, mayor impacto

El PIB español cerró 2025 en 1.685.783 millones de euros con crecimiento del 2,8%. La economía española importó 444.200 millones de euros en 2025, destacando en el mencionado ámbito energético, con el 68% del petróleo crudo procedente de importaciones no comunitarias. Las exportaciones españolas a Estados Unidos alcanzaron 22.900 millones de dólares en 2023 (petróleo refinado, medicamentos, transformadores), mientras importaciones estadounidenses fueron 29.900 millones (petróleo crudo, medicamentos, gas).

Un bloqueo como el que sufre cuba, por tanto, cortaría al Estado español unos 30.000 millones de euros en importaciones clave de EE.UU., además de los efectos en cadena por empresas filiales cerradas y financiación bloqueada, como ocurre en Cuba, donde las exportaciones caen 770 millones por debajo de lo planificado.

Escenarios de colapso en sectores vitales

Con semejante golpe, la electricidad colapsaría rápidamente: el Estado español importa gas para generación, y en Cuba tan solo 60 días de bloqueo equivalen al combustible anual (1.600 millones). La salud pública española sufriría escasez inmediata de medicamentos (15% importados de EE.UU.) y material consumible, replicando los 129 millones anuales bloqueados en Cuba, pero a otra escala. Los alimentos y la canasta básica se encarecerían o racionarían, como sucede con el bloqueo a Cuba, que impide 1.600 millones para un año de productos normados.

La construcción de vivienda, la educación y el transporte se paralizarían a medio plazo: en Cuba, 9 meses de bloqueo cubren 3.893 millones para nuevas viviendas; 3 días, mantenimiento de transporte público (40 millones); 44 horas, computadoras escolares (25,2 millones). En el Estado español, con el salario medio y la reproducción familiar ya más que tensionada, vería una pauperización acelerada por subempleo y subconsumo, no muy diferente a la contracción del 11% del PIB cubano desde 2018. Grandes empresas energéticas y farmacéuticas transferirían sus costes sobre la clase trabajadora vía precios al consumo o salarios, mientras el Gobierno tendría que enfrentar recortes en cotizaciones sociales y servicios públicos para evitar una quiebra inmediata asegurada.

Cuba mantiene su sistema eléctrico pese al bloqueo con sustituciones caras y sistemas fotovoltaicos que no terminan de suplir las necesidades sociales, con apagones crónicos por falta de 250 millones anuales en mantenimiento bloqueado. El Estado español, integrado en la UE, podría tratar de redirigir su esfuerzos al comercio intraeuropeo, pero perdería diversificación, tendría serias dificultades para sustituir las importaciones al mismo nivel y precio y enfrentaría presiones contundentes de Washington y sus lobbies energéticos, que tratarían de impedir que los países europeos comerciaran con el Estado español.

La UE: ¿Un refugio seguro ante eventuales sanciones estadounidenses?

Aunque existen alternativas como Argelia (principal proveedor por gasoducto), Noruega y Qatar (para GNL) o el 50% aproximado de producción energética de fuentes de nueva generación y nuclear, y aunque la experiencia post-2022 con el corte de gas ruso demostró que la UE tiene puede "diversificar" en cierta medida sus fuentes de importación —aunque aún no ha cortado del todo las importaciones rusas—, la integración fuerte del mercado único (~60-70% del comercio intra-UE) no garantiza una respuesta automática, total e inmediata. Un bloqueo unilateral contra el Estado español provocaría probablemente una reacción colectiva europea —reforzando herramientas como el Blocking Statute o adoptando contramedidas—, pero en la práctica EE.UU. ha demostrado capacidad para condicionar a empresas y gobiernos europeos mediante sanciones secundarias, como en los casos de Irán en 2025-2026 con el snapback, la llamada flota fantasma rusa, amenazas efectivas contra compradores como India y China o el sospechoso caso de la voladura del gasoducto Nord Stream, donde se aprecian indicios de probados de connivencia estadounidense.

En última instancia, muchas firmas de la UE terminan cumpliendo por temor a perder acceso al dólar o al sistema SWIFT, incluso cuando la normativa europea resiste sobre el papel. Si algo demuestran las divergencias recientes entre Washington y Bruselas —por ejemplo, con el alivio temporal de sanciones al petróleo ruso— muestran que hay ciertos límites a esa presión diplomática de Washington, pero en el campo de la energía y las finanzas suele prevalecer el miedo a las represalias estadounidenses, lo que hace que la llamada "resiliencia europea" sea más limitada y relativa de lo que se presenta en teoría y en los discursos de los mandatarios de Bruselas. Por tanto, en esta simulación, el Estado español podría ver su PIB contraído un 8-11% anual inicial en el peor caso, lo que supondría un golpe económico de unos 150.000 millones de euros. Esta cifra traduce precisamente el impacto del 9% del PIB que sufre Cuba a la escala del Estado español; una enorme pérdida provocada en gran parte por un sobrecoste aproximado del 25% en las importaciones, equivalentes a unos 111.000 millones por la logística indirecta para esquivar sanciones, sumado a una caída de exportaciones de unos 80.000 millones por el aislamiento tecnológico, provocando una sobreproducción industrial inmediata por falta de compradores y exportaciones de capital bloqueadas.

Ejemplos históricos: la autarquía franquista como precedente

Más allá de simulaciones aproximadas, existen precedentes históricos sólidos de un escenario similar en el Estado español que respaldan la catástrofe económica que supondría un bloqueo como el que viene sufriendo Cuba. Durante la autarquía franquista (1939-1959), mucho más leve y tres veces más breve que el bloqueo cubano, el Estado español sufrió una depresión crónica por aislamiento internacional y política de autosuficiencia estatal forzosa. El PIB creció mínimamente en los años 40, y la renta per cápita no recuperó el nivel de 1935 hasta 1953, mientras Europa occidental duplicaba su producción industrial para 1950. El racionamiento cubría solo el 34% de calorías necesarias de la población en 1941 y aportaba 1.430 calorías diarias en 1946 (28% menos de lo requerido), provocando la mayor hambruna contemporánea en el Estado español, con mercado negro y miseria generalizada.

El franquismo estableció un férreo control sobre los salarios y los precios, generando inflación rampante, burocratización, corrupción, caciquismo y oligopolios en banca y electricidad, mientras la alta burguesía incrementaba beneficios a costa de la caída de salarios reales. Diversos historiadores señalan que el sistema autárquico condenó al hambre y a la muerte a la población más débil, pero a la vez hizo que ciertos sectores se enriquecieran de forma descomunal; esto no está sucediendo así en Cuba. Esto condujo al fracaso al modelo autárquico franquista hasta el Plan de Estabilización de 1959, dejando un retraso en desarrollo y bienestar con consecuencias históricas profundas. No fue hasta que el franquismo se abrió paso pactando con EE.UU. y recibiendo divisas de su fuerza de trabajo migrante exportada que su economía empezó a remontar. De lo contrario, el Estado español estaba abocado a un hundimiento con consecuencias imprevisibles para el régimen. Un bloqueo total como el que sufre Cuba o incluso un aislamiento relativo como el de la autarquía franquista supondría para el Estado español de hoy un golpe incluso mayor, puesto que la integración en los monopolios transnacionales es mucho más avanzado en la actualidad.

Amenazas de Trump al Gobierno español

Este debate cobra especial pertinencia en esta coyuntura, cuando en las últimas semanas el presidente estadounidense Donald Trump ha multiplicado sus amenazas contra el Estado español. Tras la negativa de Moncloa a permitir el uso de las bases militares conjuntas en Rota y Morón para operaciones ofensivas directas contra Irán, Trump ha declarado públicamente que "cortará todo el comercio con España", calificándola de "aliado terrible" y afirmando que EE.UU. podría usar las bases "si quiere". Estas declaraciones, realizadas el 3 de marzo durante una reunión con el canciller alemán Friedrich Merz en la Casa Blanca, han escalado la tensión diplomática, incluyendo referencias explícitas a posibles embargos comerciales y críticas a la "insuficiente contribución española" al gasto de la OTAN.

Aunque las amenazas de Trump han sido en gran medida retóricas hasta ahora y no ha anunciado medidas concretas implementadas, han generado preocupación por el impacto potencial en sectores clave como la energía, la industria farmacéutica y el comercio bilateral. En un momento en que la guerra imperialista en Irán expone las contradicciones internas de la alianza transatlántica y la UE, este análisis hipotético sobre un bloqueo como el de Cuba aplicado al Estado español sirve para ilustrar las vulnerabilidades reales de la economía española ante una escalada de sanciones secundarias o restricciones unilaterales por parte de Washington. Más allá de la especulación histórica o económica, los datos aportan elementos a considerar en el debate ante un pulso geopolítico que ya está en marcha y que podría tener consecuencias directas inesperadas para la clase trabajadora en el Estado español.