Cristianos católicos y Hezbollah se alían localmente en el Líbano contra Israel y EE.UU.
La alianza contra el ISIS en el valle de la Bekaa une a cristianos y musulmanes chiíes frente al "imperio Epstein": “El Vaticano no hizo nada por nosotros, pero Hezbollah derramó su sangre para protegernos. El Papa solo tiene oraciones”.
En el valle de la Bekaa, al norte del Líbano, la localidad cristiana de Ras Baalbek ha sellado una alianza con Hezbollah que desafía cualquier lectura simplista del conflicto regional. Sus 6.000 habitantes, católicos devotos, comparten ahora una trinchera común con la milicia chií respaldada por Irán, forjada en la lucha contra el Estado Islámico (ISIS) entre 2013 y 2017. Rifiat Nasrallah, líder local y cantero, explica al diario The Telegraph que la relación se empezó a forjar cuando ISIS amenazaba con arrasar el pueblo y decapitar a sus residentes: “Al principio solo éramos Hezbollah y los aldeanos los que luchábamos contra los salafistas. Luchamos juntos con misiles y cohetes. Muchos resultaron heridos y algunos murieron. Yo estuve a punto de morir con metralla en la espalda”. La desconfianza hacia la jerarquía eclesiástica es explícita: “El Vaticano no hizo nada por nosotros, pero Hezbollah derramó su sangre para protegernos. El Papa solo tiene oraciones”, afirma Nasrallah.
Programa social de Hezbollah
La alianza va más allá de la defensa militar. Nasrallah relata que Hezbollah ha instalado un árbol de Navidad cada año en el pueblo, les ha proporcionado generadores cuando no había electricidad y atención gratuita en sus hospitales durante la pandemia. En su hogar, una cruz cuelga junto al retrato del fallecido líder de Hezbollah, Hasán Nasrallah (sin parentesco con el entrevistado), mientras dos soldados del ejército libanés –cuyo gobierno ha prometido desarmar a la milicia– escuchan su explicación. La cooperación fue esencial durante la guerra contra el ISIS, cuando el ejército libanés carecía de medios. Un soldado presente admite: “Perdí a cinco amigos. Un vehículo Humvee que seguíamos explotó por una mina. Tres compañeros murieron allí. Teníamos buenos soldados, pero al principio carecíamos de logística y equipo”. Hoy, con la guerra entre la guerra de Israel e Irán desatada y el temor reforzado a que Siria vuelva a ser escenario de ataques por parte de salafistas, el vínculo se ha estrechado aún más. “Israel es nuestro primer enemigo… Hezbollah es nuestro amigo”, sentencia Nasrallah.
“Estamos en guerra con la gente de Epstein”
La comunidad cristiana local denuncia la hipocresía de las potencias occidentales y de Israel, a quienes acusan de imponer un orden global depredador. Un refugiado chií de 30 años, Ahmad, que ha huido de otra localidad del valle, relata los 13 meses del último alto el fuego como el período “más cruel” de la guerra: “Hubo violaciones del alto el fuego cada día. Bombas frente a nuestras casas. Drones siempre sobrevolando. Hubo madres que vieron morir a sus hijos delante de ellas y niños que vieron morir a sus padres”. Según Ahmad, los israelíes llamaban a los residentes y les decían: “¿Quieres morir con tu familia o morir solo?”. La ONU documentó más de 10.000 violaciones del alto el fuego durante ese período, con 331 asesinados solo en el primer año según las autoridades libanesas. Para Ahmad, todo responde a un poder mundial perverso: “Estamos en guerra con la gente de Epstein. La gente que come, fríe y viola niños. Son monstruos, bestias. Pero lo peor es que son ellos los que gobiernan el mundo”.
La alianza entre cristianos y Hezbollah en Ras Baalbek, que echa raíces años atrás, expone la complejidad de un Líbano que resiste las lógicas impuestas desde fuera y a los análisis simplistas de las supuestas "guerras religiosas". Mientras Occidente demoniza a la milicia chií como “terrorista” y exige su desarme, para los habitantes de este pueblo católico es la única garantía de supervivencia frente al salafismo respaldado por EE.UU. e Israel y a los bombardeos israelíes. La historia de Ras Baalbek muestra cómo las comunidades marginadas se ven forzadas a buscar protección donde la encuentran, incluso si eso significa aliarse con quienes la propaganda occidental designa como "enemigos".
"Hezbollah protege nuestras iglesias"
Nasrallah resume la situación: “¿Cómo podemos los cristianos de esta zona no estar con Hezbollah? Protegen nuestras iglesias. Nos ayudaron a luchar contra el ISIS. Durante el Covid nos dieron atención gratuita en sus hospitales. Cuando no había electricidad nos dieron generadores. Incluso pusieron un árbol de Navidad en Navidad. ¿Cómo no vamos a estar con ellos ahora?”. La respuesta es una condena silenciosa de las potencias que, como el Vaticano y la Unión Europea, ofrecieron solo oraciones y condenas vacías mientras Hezbollah ponía a sus combatientes para defender a los cristianos amenazados.