La interrupción del tráfico marítimo en el estrecho de Ormuz ha disparado los precios de los crudos que aún pueden sortear el bloqueo hasta niveles nunca vistos. Según informa The Wall Street Journal, los operadores están pagando hasta 160 dólares por barril por el petróleo de Emiratos Árabes Unidos que evade el estrecho, muy por encima de los precios de referencia de Brent y West Texas Intermediate. “La disrupción es tan masiva que entraremos en modo de pánico total si esta situación no se resuelve con bastante rapidez”, advertía Helge Andre Martinsen, analista energético del banco noruego DNB Carnegie. Los analistas alertan de que los precios récord que ya se pagan por determinados crudos de Oriente Próximo se trasladarán pronto a Estados Unidos y al resto del mundo si el golfo Pérsico no se reabre en breve. De hecho, señalan que la solución requiere no solo la reapertura del estrecho, sino que los productores del Golfo reviertan los recortes de producción de los primeros días de la guerra y un alivio duradero de las sanciones a Irán y Rusia, por lo que una bajada de precios a niveles anteriores de la guerra se torna cada vez más difícil.

Mientras el pulso diplomático se intensifica, los aliados de Estados Unidos en el Golfo se acercan peligrosamente a entrar en combate directo. Arabia Saudí ha permitido a las fuerzas estadounidenses utilizar la base aérea Rey Fahd en el oeste de la península Arábiga, según personas familiarizadas con la decisión citadas por el WSJ. El príncipe heredero saudí, Mohammed bin Salmán, estaría cerca de decidirse a unirse a los ataques, después de que Irán haya lanzado misiles y drones contra instalaciones energéticas saudíes y la propia capital, Riad. Emiratos Árabes, por su parte, ha comenzado a cerrar instituciones vinculadas a la República Islámica y a la Guardia Revolucionaria en su territorio, advirtiendo que podría congelar miles de millones de dólares en activos iraníes. El ministro de Exteriores saudí, Faisal bin Farhan, declaró: “La paciencia de Arabia Saudí con los ataques iraníes no es ilimitada. Cualquier creencia de que los países del Golfo son incapaces de responder es un error de cálculo”.

En un giro militar que expande el conflicto a nuevas geografías, Israel atacó la semana pasada un puerto naval en el mar Caspio, el primer ataque israelí en el lago cerrado más grande del mundo. El puerto de Bandar Anzali, según el ejército israelí, habría sido alcanzado con decenas de proyectiles que destruyeron buques de guerra, un puerto, un centro de mando y un astillero. La ruta del Caspio se ha convertido en un corredor vital para que Rusia e Irán intercambien armamento: según documentos a los que habría tenido acceso el WSJ, en 2023 los barcos que surcaban el Caspio transportaron más de 300.000 proyectiles de artillería y un millón de rondas de munición desde Irán a Rusia. El ataque, que también amenaza el suministro de trigo iraní al golpear infraestructuras vinculadas al comercio de grano, señala que Israel tiene capacidad para atacar las líneas logísticas persas. Un excomandante de la marina israelí, Eliezer Marum, explicó: “El objetivo más importante de este ataque era limitar el contrabando ruso y mostrar a los iraníes que no tienen defensas marítimas en el Caspio”.

El presidente Donald Trump aseguró el martes que está manteniendo “conversaciones productivas” con Irán y que los iraníes “están hablando con sensatez”, llegando a afirmar que Teherán le ha concedido un “regalo muy grande” relacionado con el petróleo y el gas. Sin embargo, el parlamento iraní, a través de su portavoz Mohammad-Bagher Ghalibaf —un excomandante de la Guardia Revolucionaria que se perfila como el “aspirante a hombre fuerte” de la República Islámica, según el WSJ—, niega cualquier negociación. Ghalibaf ha declarado que “ninguna negociación con Estados Unidos ha tenido lugar” y que las informaciones sobre acuerdos son “noticias falsas destinadas a manipular los mercados financieros y petroleros”. Mientras Washington envía miles de soldados adicionales de la 82ª División Aerotransportada a la región y los precios de la energía siguen subiendo.