Christine Lagarde, presidenta del Banco Central Europeo (BCE), advirtió en una entrevista publicada el pasado 26 de marzo que los riesgos económicos derivados de la guerra en Irán están siendo subestimados y que la recuperación del suministro energético perdido podría tardar años. “Nos enfrentamos a un choque real… probablemente más allá de lo que podemos imaginar en este momento”, declaró a The Economist.

Aunque el BCE se considera “bien posicionado” para responder en términos monetarios, Lagarde mostró preocupación por los presupuestos gubernamentales: “No hay tanto espacio fiscal como en 2022 y 2023”, cuando los países gastaron alrededor del 2,5% del PIB para amortiguar los precios de la energía. Según ella, cualquier apoyo debe ser “personalizado, focalizado y temporal”, “priorizando a los hogares de bajos ingresos”.

En el plano internacional, Lagarde criticó la “capacidad de coordinación global”, especialmente bajo liderazgo estadounidense, y comparó la situación con los años 20, cuando EEUU se volvió más aislacionista. Pese a ello, confía en que instituciones como el FMI, el Banco Mundial y la OMC “puedan repararse”, aunque con “menor dominio estadounidense”.

Lagarde cree que “Europa mantiene un papel central”, pero que su agenda económica está condicionada por la cohesión política. “Los europeos tendrán que decidir de nuevo si están juntos o no”, advirtió, señalando que los problemas de distribución y desigualdad social podrían poner en riesgo la supervivencia política de la Unión Europea.