La inflación se dispara al 3,3% y encarece las hipotecas
La guerra en Irán ha provocado una oleada especulativa que se traslada a los precios energéticos, la cesta de la compra y a las cuotas de hipotecas variables en el Estado español.
Según el dato adelantado del Instituto Nacional de Estadística (INE), el Índice de Precios al Consumo (IPC) ha subido hasta el 3,3% en marzo, un punto más que en febrero. Este repunte se explica principalmente por la dinámica especulativa que encarece los carburantes y la energía, empleando la guerra de Irán como pretexto para justificar subidas de precios. El euríbor también ha registrado un fuerte aumento por la volatilidad impulsada por los inversores en los mercados financieros.
La inflación subyacente (que excluye alimentos no elaborados y productos energéticos) se mantuvo estable en el 2,7%, lo que indica que el repunte se concentra principalmente en el componente energético. La causa inmediata de este aumento se explica, sobre todo, por el encarecimiento de los carburantes y la energía. La gasolina acumuló alzas de alrededor del 16‑19% y el diésel del 29‑31% desde el inicio de las hostilidades por parte de EE. UU. e Israel, según datos del Boletín Petrolero de la UE y la OCU. A finales de marzo, los precios medios rondaban los 1,57‑1,71 €/litro para la gasolina y 1,77‑1,84 €/litro para el diésel (con variaciones por provincia y estación).
La escalada bélica también se ha hecho notar en los mercados financieros. La media provisional del euríbor a 12 meses en marzo de 2026 se situó en torno al 2,53% (con picos diarios que superaron el 2,8% en la recta final del mes), frente a aproximadamente el 2,22% de febrero. Esto significa que quienes revisen su hipoteca variable según el euríbor de marzo verán incrementada su cuota anual en torno a 102 euros para una hipoteca media de 200.000 euros (unos 8,5 euros al mes). En préstamos de 350.000 euros, el aumento puede llegar a casi 179 euros al año. Mientras tanto, las entidades bancarias ya han endurecido las condiciones para nuevas hipotecas.
Las grandes empresas energéticas y los bancos se benefician de esta volatilidad a través de mayores márgenes y comisiones, mientras que las familias trabajadoras pierden poder adquisitivo. La subida de precios en la gasolina, el diésel, el gas y la electricidad reduce la renta disponible para alimentación, vivienda y otros gastos básicos, al tiempo que aumenta los costes de producción, que los empresarios tratan de compensar trasladando esos incrementos al precio final de los productos y a las condiciones laborales bajo la premisa de “reducción de costes”, agravando así la crisis de reproducción social.
Esta situación forma parte de la tendencia habitual en la que las guerras imperialistas generan destrucción de valor y especulación financiera que termina recayendo sobre las condiciones de vida de la clase trabajadora. El Gobierno español ha anunciado rebajas fiscales y medidas puntuales, pero estas no compensan la transferencia de recursos que se produce hacia los sectores energéticos y bancarios; más bien, al contrario.