El Gobierno italiano bloquea el uso de la base de Sigonella a los bombarderos de EEUU
El Ejecutivo de Meloni frena el aterrizaje de aviones de combate por un defecto de forma, tratando de evitar el control parlamentario sobre la implicación directa en la guerra de Irán.
El Ministerio de Defensa de Italia, bajo las órdenes de Guido Crosetto, denegó hace unos días el permiso de aterrizaje en la base de Sigonella (Sicilia) a varios bombarderos de Estados Unidos que se dirigían a Oriente Próximo. El jefe del Estado Mayor de la Defensa, Luciano Portolano, comunicó la prohibición al mando estadounidense después de que las aeronaves notificaran su plan de vuelo cuando ya se encontraban en el aire. Según recoge el Corriere della Sera, el Gobierno italiano justifica esta decisión técnica alegando que Washington no realizó la "consulta preventiva" obligatoria que estipulan los acuerdos bilaterales para operaciones que exceden el marco logístico ordinario.
La negativa del Ejecutivo de Meloni se produce en un contexto de fuerte presión política, donde la oposición ha utilizado la postura de otros países, como el Estado español, para cuestionar la subordinación de las bases militares italianas ante los intereses estratégicos de EEUU. Al constatar que no se trataba de vuelos rutinarios, Defensa ha aplicado el denominado "caveat", una cláusula que impide el aterrizaje de este tipo de naves de combate salvo en "situaciones de emergencia". Con este movimiento, Roma evita una crisis inmediata de soberanía, similar a la ocurrida en 1985 durante la crisis de Sigonella entre el Gobierno de Craxi y la administración Reagan.
El ministro Crosetto ya había manifestado en sede parlamentaria que cualquier operación militar que no esté recogida estrictamente en los tratados vigentes debe ser autorizada por el Parlamento. Al bloquear el acceso por un defecto de forma —la falta de aviso previo—, el Gobierno gana tiempo y elude la obligación de someter a votación pública el papel de Italia en la escalada bélica en la región. Esta decisión, que se ha mantenido bajo estricta reserva hasta ahora, evidencia la incomodidad de un Ejecutivo que, pese a mantener excelentes relaciones con la administración estadounidense, se ve forzado a marcar límites procedimentales para evitar el coste político que le supondría mostrar una pérdida explícita del control sobre su propio territorio.
La decisión de Portolano, ejecutada por mandato directo del ministro, destaca que los aviones estadounidenses no tienen autorización automática para utilizar el suelo italiano como plataforma de ataque sin un consenso político previo. Fuentes oficiales insisten en que "no ha habido ninguna consulta" y que, por tanto, el "veto" sería una "aplicación rigurosa de los acuerdos de defensa". El suceso muestra la tensión entre las obligaciones militares de los miembros de la OTAN y la necesidad del Gobierno de no aparecer como un actor totalmente sumiso ante las decisiones unilaterales de Washington que podrían tener consecuencias geopolíticas desastrosas.