90 años del nacimiento de Ghassan Kanafani
El revolucionario palestino del FPLP se convirtió en una de las voces literarias más lúcidas de la resistencia tras la Nakba. Sus novelas narran el despojo de un pueblo que luchará “hasta la última gota de sangre”.
Este 9 de abril se cumplen 90 años del nacimiento de Ghassan Kanafani, escritor, periodista y militante palestino revolucionario nacido en Acre (Palestina) en 1936, en el año de la primera Insurrección Palestina contra el Mandato Británico y los colonos sionistas. Su familia, como muchas otras, fue expulsada durante la Nakba de 1948, cuando las milicias coloniales sionistas ocuparon su ciudad natal y miles de palestinos fueron masacrados y desposeídos de sus tierras, dando paso a la creación del infame Estado de Israel. Desde entonces, Kanafani vivió el exilio en Siria, Kuwait y Líbano, pero nunca dejó de soñar y luchar por devolverle la tierra a su pueblo. En el exilio se formó políticamente y empezó a militar en movimientos panarabistas. Posteriormente ingresó al Frente Popular para la Liberación de Palestina (FPLP), una organización marxista-leninista de la que llegó a ser portavoz por su desbordante carisma e inteligencia. Durante su trayectoria militante, Kanafani tuvo que vivir en la clandestinidad, desde donde realizaba tareas de redactor para su organización.
En los últimos años se ha popularizado en redes sociales una entrevista suya grabada en 1970 por el periodista australiano Richard Carleton para la cadena ABC, encontrada en archivos. En la cinta, grabada en su despacho de Beirut, Kanafani responde a las preguntas de su entrevistador, donde con notable maestría deja en evidencia el sesgo de las pregunta. El escritor se refiere a las negociaciones con Israel como “conversación entre la espada y el cuello” y pronuncia unas frases que quedaron enmarcadas para la posteridad, donde han cobrado mayor actualidad que nunca tras el 7 de octubre de 2023:
“Para nosotros [los palestinos], liberar a nuestro país, tener dignidad, tener respeto, tener meramente nuestros derechos humanos, es algo tan esencial como la vida misma”.
“Hemos logrado demostrar a cada persona en este mundo que somos una pequeña nación valiente que luchará hasta la última gota de sangre para hacer justicia por nosotros mismos, después de que el mundo haya fallado en dárnosla”.
Como constatan los archivos históricos del movimiento de liberación palestino y su propia obra, Kanafani trató de dar una forma artística a su compromiso político, convirtiendo las letras en un arma al servicio de quienes luchan por el derecho al retorno. Su obra narrativa, escrita en apenas una década, es un retrato implacable de las heridas que dejó la ocupación colonial sionista en las pieles y la memoria colectiva de diferentes generaciones palestinas. En novelas como Hombres bajo el sol (1962), Regreso a Haifa (1969) o la serie de relatos La tierra de las naranjas tristes, Kanafani escribió sobre la fragmentación de las familias palestinas, la humillación de los campos de refugiados, la miseria, la resistencia, la solidaridad y la heroicidad cotidiana de quienes se enfrentaban al despojo y la muerte, pero sobre todo puso voz a quienes se negaban a aceptar la barbarie sionista como único destino. Hombres bajo el sol, la historia de tres palestinos que intentan cruzar la frontera hacia Kuwait ocultos en un camión cisterna, se convirtió en una metáfora del sufrimiento, la dignidad y la lucha de los refugiados, aunque también aborda cuestiones universales que conciernen a la inmigración. Sus textos, traducidos a decenas de idiomas, se convirtieron en pocos años en lectura obligada en los campamentos palestinos, en las universidades del mundo árabe y en las estanterías de los militantes revolucionarios de todo el mundo, mientras en Occidente sigue siendo relativamente desconocido.
Sin embargo, el grueso de las letras de Kanafani fueron puestas al servicio de su principal deber como militante revolucionario, trabajando como periodista y editor para las numerosas revistas y periódicos vinculados a la causa palestina, entre ellos Al-Hadaf (El Objetivo) órgano de expresión del FPLP, desde donde denunció la política de asentamientos israelíes y la creciente complicidad de Estados Unidos con la ocupación. Fue esta militancia la que lo puso en el punto de mira de las fuerzas sionistas. El 8 de julio de 1972, una bomba colocada por el Mossad en el coche de su sobrina Lamees de 17 años en Beirut (Líbano) se llevó para siempre la vida de Ghassan y la joven Lamees.


El asesinato fue reivindicado por los servicios de inteligencia israelíes como parte de una campaña para eliminar a los dirigentes de la resistencia palestina tras la matanza de los atletas israelíes en Múnich y el ataque del Ejército Rojo Japonés y el FPLP contra el aeropuerto de Lod. Su muerte fue considerada por el movimiento de liberación palestino como un crimen de Estado y un martirio más dentro de la larga cadena de ejecuciones extrajudiciales que Israel ha practicado y sigue practicando durante décadas contra los luchadores y los revolucionarios palestinos.
A 90 años de su nacimiento y en pleno genocidio en Gaza, la figura de Kanafani invita a redescubrir la rica historia literaria del pueblo palestino a través de uno de sus hijos más comprometidos y brillantes. Los sionistas mataron al escritor, pero su obra y su ejemplo perduran: aunque sus libros sigan estando prohibidos en las universidades israelíes bajo la legislación que penaliza la “apología del terrorismo”, se reeditan en Beirut, Ramala y en las editoriales alternativas y no tan alternativas de América Latina y Europa. Los niños en Cisjordania crecen viendo su rostro y sus fráses celebres escritas en varios muros de separación, rastros de un pueblo que se niega a olvidar a sus caídos y sigue soñando con derribar esos muros.
“Usted utiliza la palabra ‘terrorismo’. Yo utilizo la palabra ‘resistencia’. ¿Cuál es la diferencia? Depende de quién escribe la historia. La historia, señor, es siempre gente débil luchando contra gente fuerte. Los fuertes escriben los libros, controlan los periódicos, las televisiones. Dicen que sus soldados son ‘héroes’. Dicen que nuestros combatientes son ‘terroristas’. Esa es la única diferencia”.
El escritor palestino Elias Khoury definió la obra de Kanafani como “el intento más lúcido de contar la Nakba desde dentro”. En un momento histórico en que la lucha Palestina y otros pueblos de Oriente Medio han conducido a la humanidad a una batalla decisiva contra la barbarie imperialista sionista, la literatura y la trayectoria de Kanafani recobra toda su vigencia con cuestiones como el derecho al retorno de los refugiados y el derecho legítimo a la resistencia por todos los medios necesarios. Es aquí donde Kanafani deja de ser otro nombre más en una biblioteca, un documento histórico, y se vuelve un testimonio vivo de una desposesión y de una lucha que continúa, como dijo en aquella entrevista, “hasta la última gota de sangre”.
