La coalición de EEUU abandona Irak tras más de dos décadas
Los últimos 2.500 soldados estadounidenses han salido del país, incluidos los sistemas de defensa antiaérea de la región kurda; las Fuerzas de Movilización Popular se niegan a entregar las armas.
La coalición liderada por Estados Unidos ha completado este miércoles su retirada total de Irak, poniendo fin a una ocupación militar de más de dos décadas que comenzó con la invasión de 2003 y que se transformó en 2014 en la operación Inherent Resolve contra el Estado Islámico. El portavoz del Pentágono, Sean Parnell, declaró que las tropas y el equipo estadounidenses han completado una “salida ordenada” desde su última base aérea en Erbil, en el norte del país, y que este hito “refleja el éxito de una campaña de 12 años que derrotó al ISIS como amenaza militar organizada”. El primer ministro iraquí, Ali al-Zaidi, saludó el fin de la misión como el inicio de “una nueva fase, caracterizada por la soberanía de Irak, la fuerza de sus instituciones y el equilibrio de sus alianzas”. Sin embargo, la retirada deja un escenario complejo: los sistemas de defensa antiaérea Patriot y C-RAM han sido desmontados y retirados de la región kurda, y las Las Fuerzas de Movilización Popular pertenecientes del Eje de la Resistencia, se niegan a deponer las armas.
La región del Kurdistán iraquí, que durante años fue un centro de operaciones encubiertas de la CIA y el Mossad, queda ahora especialmente expuesta. Las autoridades kurdas afirman que más de 1.000 drones y misiles iraníes han impactado en la región desde el inicio de la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán en febrero de 2026, causando decenas de muertos y heridos. El primer ministro del Gobierno Regional del Kurdistán, Masrour Barzani, calificó de “vergonzoso” que EEUU retire sus sistemas de defensa sin dejar una alternativa: “La amenaza es real, somos vulnerables, estamos siendo atacados. Ahora, que nos dejen solos sin ningún sistema defensivo apropiado, es vergonzoso”. Barzani advirtió de que Washington corre el riesgo de repetir “el error estratégico de Obama en 2011”, que dejó un vacío de seguridad que permitió el auge del ISIS, y recordó que el Gobierno Regional no puede adquirir sus propios sistemas de defensa porque las compras de armas deben pasar por Bagdad. La ministra de Peshmerga ha subrayado que la responsabilidad de proteger el espacio aéreo kurdo corresponde al Gobierno federal iraquí, aunque ha asegurado que sus fuerzas están preparadas para “cualquier nuevo desarrollo”.
En paralelo, el proceso de desarme de las milicias del Eje de la Resistencia, aliadas de Irán, que Bagdad había vinculado inicialmente al 30 de septiembre, ha sido aplazado hasta el 30 de junio de 2027. El primer ministro Al-Zaidi anunció que los grupos armados observarán primero una tregua de 90 días a partir del 30 de septiembre, tras la cual se iniciará la entrega de armas, con el objetivo de completar el proceso a mediados del próximo año. Tres facciones —Saraya al-Salam (del clérigo chií Muqtada al-Sadr), Asaib Ahl al-Haq y Kataib Imam Ali— ya han entregado parte de su armamento pesado, incluidos drones y misiles, y han anunciado su integración en la vida civil. Sin embargo, otras cinco facciones —Harakat al-Nujaba, Kataib Sayyid al-Shuhada, Kataib Hezbollah, Saraya Awliya al-Dam y Ashab al-Kahf— se han negado de entrada a desarmarse, condicionando su posición no solo a la retirada estadounidense, sino a la disolución de las fuerzas Peshmerga. El analista Sajad Jiyad, del centro de estudios Centre for International Policy, resume la situación: “Ninguno de los grupos se desarmará antes de la fecha límite del 30 de septiembre. Para las milicias, esa fecha marca el fin de la presencia estadounidense, no un plazo para su propio desarme”. Jiyad señala que, mientras persista la amenaza de una escalada entre Washington, Teherán y Tel Aviv, estas facciones no ven ninguna ventaja en entregar sus armas.
La retirada estadounidense deja a Irak en una situación delicada entre Washington y Teherán. El primer ministro Al-Zaidi, según los analistas, tiene un poder limitado frente a los líderes de las facciones del Eje de la Resistencia, que han consolidado su influencia política y militar durante las últimas dos décadas. Haider Al-Shakri, experto en Irak del think tank Chatham House, considera que la mayoría de las tropas estadounidenses ya se habían retirado en 2011 y que las unidades restantes tenían funciones principalmente de apoyo y entrenamiento, pero su presencia se concentraba en el norte kurdo, donde los sistemas de defensa aérea eran cruciales. Ahora, la retirada también deja en el aire el futuro del ISIS, inicialmente apoyado por EEUU, Israel, Arabia Saudí y otras monarquías del Golfo para derrocar a Bashar Al-Assad en Siria y posteriormente enfrentado con EEUU. Un funcionario iraquí ha advertido de un aumento de la actividad de células durmientes del grupo salafista.