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Un ministro de Netanyahu: “Tenemos a Vox y Abascal como nuestro portavoz”

Amichai Chikli, ministro de Asuntos de la Diáspora de Israel, confirmó que la extrema derecha europea responde a sus intereses y describió a Santiago Abascal como “la voz más sionista que existe en España”.

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Imagen de archivo de Amichai Chikli, ministro de ”Asuntos de la Diáspora y Lucha contra el Antisemitismo” del Gobierno israelí. Foto: Amichai Chikli (X).
Imagen de archivo de Amichai Chikli, ministro de ”Asuntos de la Diáspora y Lucha contra el Antisemitismo” del Gobierno israelí. Foto: Amichai Chikli (X).

En una entrevista pública el pasado 11 de agosto, el ministro israelí de “Asuntos de la Diáspora y Lucha contra el Antisemitismo” del gobierno de Benjamín Netanyahu, Amichai Chikli, afirmó que Israel ha construido “un sistema de alianzas sin precedentes” con los partidos de la “derecha conservadora profunda” en Europa. “Hemos llegado a una situación donde los partidos derechistas en Europa son la mayoría reconocidos por el Ministerio de Exterior de Israel”, señalaba Chikli, que mencionaba explícitamente a Vox y a Santiago Abascal, a quien describía como “la voz más sionista que existe en España”, así como a Marine Le Pen y Jordan Bardella, del Reagrupamiento Nacional (RN) francés. No es para menos: se ha calculado que la confluencia de opiniones de Vox y el Likud alcanza un 98,74%, un apoyo agradecido por el propio Gobierno israelí.

El extracto de la intervención sigue circulando en redes, donde Chikli describe explícitamente que esta estrategia se ha materializado en los últimos años. En febrero de 2025, el Likud de Netanyahu fue aceptado como observador en Patriots.eu, la plataforma de la ultraderecha europea que preside Santiago Abascal y que integra a formaciones como el RN francés, Fidesz húngaro y la Liga italiana. Esta alianza se formalizó el pasado marzo. A cambio, el gobierno israelí ha levantado o flexibilizado los boicots previos que pudiera haber contra algunos de estos partidos, argumentando que el “islam radical” o el “islamoizquierdismo”'es el principal peligro para el sionismo en Europa y que estas formaciones ofrecen un apoyo político más sólido que los gobiernos de centroizquierda. Como prolongación de esta sintonía, la embajada israelí estrechó lazos con Vox. Los socios eslovenos de Abascal, fueron acusados de “injerencia extranjera” por ir más allá y colaborar con espías israelíes en plena campaña electoral.

En la citada entrevista, el ministro se jacta de que todos estos líderes de la extrema derecha europea se opusieron a las órdenes de detención de la Corte Penal Internacional (CPI) contra Netanyahu y su exministro de Defensa, Yoav Gallant. El objetivo de esta red de alianzas es, en definitiva, compensar el aislamiento internacional de Israel por el genocidio en Gaza y garantizar el respaldo político de la extrema derecha europea en un momento de crecientes diferencias diplomáticas. La reactivación de este vídeo en el Estado español se produce en plena precampaña de las elecciones generales del 29-N, a las que Vox concurre con la intención de ser socio indispensable del PP en un futuro gobierno. Las palabras de Chikli no solo constatan el alineamiento de Vox con los intereses geopolíticos de Israel, sino que evidencian la subordinación de la formación de Abascal a una potencia extranjera que instrumentaliza la lucha contra el antisemitismo para blanquear a partidos fascistas y justificar el genocidio. Los sectores más reaccionarios lo asumen como un sello de garantía de apoyos internacionales, la izquierda y los movimientos sociales lo utilizan para exponer la dependencia de Vox respecto a un Estado genocida.

Las palabras de Chikli son una reivindicación de éxito estratégico: la construcción de una “proximidad real” con formaciones que, a cambio de su apoyo incondicional a Israel, obtienen un sello de aprobación que les permite presentarse ante su electorado como defensores de “los valores occidentales”. Para el gobierno de Netanyahu, por su parte,, “la lucha contra el antisemitismo” es un instrumento político que se aplica selectivamente: se tolera y se instrumentaliza a partidos con pasado neonazi o fascista siempre que estos defiendan los intereses de Israel. En el Estado español, mientras Vox actúa como correa de transmisión de la estrategia del sionismo, asume un papel subordinado que lo sitúa en contradicción con su discurso de “prioridad nacional”. A tres semanas de las urnas, la alianza entre el Likud y la ultraderecha europea se revela como un hecho confesado por sus propios protagonistas.

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