Andriy Yermak, hasta ahora jefe de gabinete y principal negociador de Volodimir Zelensky, ha caído arrastrado por el mayor escándalo de corrupción que sacude al Gobierno ucraniano en plena recta decisiva de las conversaciones con Estados Unidos y Rusia. Medios como Ukrayinska Pravda se han hecho eco de los registros en su casa y oficinas, así como de su posible vinculación con una trama de comisiones millonarias en torno a la empresa nuclear pública Energoatom. Todo ello ha forzado su salida y agravado la crisis política que atraviesa Ucrania, tras el cese del ministro de Justicia por el mismo caso de corrupción el 13 de noviembre.

Yermak era considerado el segundo hombre más poderoso del país, clave en el círculo de confianza de Zelensky y pieza central de la arquitectura de poder construida desde el inicio de la guerra. Su papel como jefe de la delegación ucraniana en las consultas de alto nivel con los Estados Unidos de América sobre los parámetros de un hipotético "acuerdo de paz" convertía cualquier sospecha sobre él en un problema directo para la legitimidad de todo el proceso negociador.​

El presidente ha intentado presentar la salida de su mano derecha como una muestra de "fuerza interna" y "transparencia", subrayando que "no quiere rumores ni especulaciones". Sin embargo, que la renuncia se haya producido pocas horas después de los registros ordenados por la Oficina Nacional Anticorrupción y la Fiscalía Anticorrupción Especializada ha reforzado la percepción social de que el Gobierno, en su conjunto, está envuelto en la trama.​

La Operación Midas

Las pesquisas se enmarcan en la llamada Operación Midas, una investigación de 15 meses que apunta a una organización de "gestores en la sombra" que habría infiltrado Energoatom para imponer un sistema sistemático de sobornos a contratistas. Según los investigadores, la red habría exigido entre un 10% y un 15% del precio de los contratos a cambio de desbloquear pagos, lavando alrededor de 100 millones de dólares mediante estructuras financieras opacas vinculadas a oficinas en Kiev y al entorno del exdiputado Andriy Derkach.​

En el centro de la trama aparece el empresario Timur Mindich, ex socio y viejo aliado de Zelensky en el sector audiovisual, señalado como "jefe" de la organización y actualmente sancionado, con congelación de activos y cuentas, tras huir a la Palestina ocupada por el Estado de Israel antes de ser detenido. Junto a él figuran altos cargos de Energoatom y ex asesores ministeriales, así como al menos cinco detenidos y siete personas ya formalmente imputadas, mientras el Ejecutivo intenta presentarse como impulsor de una "limpieza ejemplar" de la corrupción en el sector energético que él mismo permitió escalar durante años.​

Fragilidad institucional

Pese al terremoto político, Zelensky ha confirmado que el jefe del Estado Mayor, Andrí Gnatov, y el secretario del Consejo de Seguridad Nacional, Rustem Umérov, seguirán en la delegación ucraniana en las conversaciones con enviados de Estados Unidos para explorar un final negociado de la guerra "en un futuro muy próximo". Umérov, antiguo ministro de Defensa, ha insistido en que las consultas con Washington siguen su curso y que Ucrania estudia "con cuidado" cada propuesta, fijando como líneas rojas "la soberanía", "la seguridad de la población" y una paz justa, mientras se distancia públicamente de informaciones sobre supuestos "borradores" o "concesiones" ya pactadas.​