"Anunciamos el inicio de un período de transición de dos años", declaró Al-Zubaidi, líder del Consejo de Transición del Sur (CTS), quien también ocupa el cargo de vicepresidente del Consejo de Liderazgo Presidencial del Gobierno yemení reconocido internacionalmente. El líder del CTS, respaldado por Emiratos Árabes Unidos, indicó que el proceso incluirá "una votación popular para que los sureños ejerzan su derecho a la autodeterminación". Además, se aprobó una "declaración constitucional para restaurar el Estado del Sur", que entraría en vigor de manera gradual "a partir de 2028", aunque podría acelerarse "en caso de ausencia de diálogo o de ataques contra el territorio sureño".

El CTS controla amplias zonas del sur y busca revivir el antiguo Yemen del Sur, independiente hasta la unificación con el norte en 1990, pero desligado por completo del carácter de "República Democrática Popular". Este anuncio llega tras la toma de control por parte de sus fuerzas, en diciembre de 2025, de provincias clave como Hadramaut, rica en petróleo y fronteriza con Arabia Saudí, y Al-Mahra, en una ofensiva relámpago que expuso las profundas divergencias entre Riad y Abu Dabi.

El anuncio coincide con intensos combates en la provincia de Hadramaut, donde fuerzas gubernamentales respaldadas por Arabia Saudí intentan recuperar posiciones perdidas. El pasado  viernes, al menos siete personas murieron y más de veinte resultaron heridas en bombardeos atribuidos a la aviación saudí contra posiciones del CTS, según fuentes separatistas. El gobernador de Hadramaut, Salem al-Khanbashi, aliado de Riad, lanzó una operación para "recuperar pacíficamente" bases militares, aunque los enfrentamientos y ataques aéreos desmienten esa caracterización.

Una coalición hecha añicos

Esta escalada revela la fragilidad de la coalición formada en 2015 por Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos contra el movimiento Ansar Allah. Mientras Riad defiende la unidad yemení para "preservar su seguridad fronteriza", Abu Dabi ha apostado por el separatismo sureño como herramienta de influencia regional. El resultado es una guerra dentro de la guerra: las fuerzas del CTS, integradas nominalmente en el gobierno reconocido, actúan de facto como un Estado paralelo, controlando puertos, campos petrolíferos y administraciones locales.

La división efectiva en tres bloques, "hutíes" en el norte, gobierno reconocido en partes centrales y CTS en el sur perpetúa el caos, facilitando que los "hutíes" consoliden su control en Sanaá sin enfrentar una oposición unida. El referéndum prometido, sin garantías internacionales ni consenso nacional, parece más una maniobra para legitimar hechos consumados que un "proceso democrático genuino".